LIBER FRIDMAN ...por los caminos de américa

 

Panorama del Viejo Mundo (I)

 

Panorama del Viejo Mundo (1954-55)

"He venido a Europa para ver con mis ojos este libro de la historia del hombre en la tierra"

Desde la época de Brasil que Liber se tienta con la idea de viajar a Europa. Sentía que dicho viaje era una vieja deuda personal contraída con el mundo de la cultura y que debía hacer el esfuerzo para conseguirlo. Por entonces, pese a la belleza de la ciudad recifeña, a Liber se le hace cuesta arriba el clima de esa tierra.

"Y los calores me tenían deprimido y harto de vivir allí. Ahora las cosas cambiarán y además ganaré y estudiaré" -comenta Liber al llegar a España- Por otro lado era necesario cambiar de horizontes. En Brasil el panorama no daba para más. Europa se ofrecía como el mejor lugar para progresar técnicamente, aunar nuevas experiencias, en especial la de conocer el propio Viejo Mundo:

"Ustedes deben comprender que no podré dejar de ir algún día al Viejo Mundo (...) Debo adquirir más conocimientos técnicos"

Y no sólo Liber pensaba de ese modo pues el núcleo de amistades de Recife, gente vinculada con el mundo del arte y de la cultura, lo incentivaron en este sentido. Liber gestionó entonces una beca para estudiar en España, en la Academia Real de San Fernando, restauración y otras materias relacionadas con la pintura. Así pues, a los 44 años de edad, viaja a Europa en calidad de estudiante. Para Liber Fridman el tiempo nunca fue un contratiempo para su deseo de crecer.

 

España

España es, pues, la primera parada del viaje de Liber a Europa, pues allí va a perfeccionarse tecnicamente en restauración. Hecho que no ocurría desde los lejanos tiempos del Museo de Luján. Dicha circunstancia puede servirnos para tratar siquiera brevemente el hasta entonces soslayado tema del restauro. Liber si bien vivió durante un tiempo de la venta de retratos por encargo, sobre todo en el período brasileño, la fuente de su sustento fue en todo momento la restauración. Y allí por donde anduvo restauró. Su formación fue basicamente pragmática. Iniciado por Zuliani en Luján, siguió solo, y adquirió experiencia con trabajos particulares, así como para el patrimonio de la nación, tanto en Paraguay como en Brasil. En Paraguay el grueso de lo restaurado fueron imágenes religiosas. En Brasil trabaja bajo la dirección de Edson Motta, en Manaos, en la restauración de la bóveda del Teatro de la Paz. La experiencia en San Fernando le sirvió para trabajar en obras del período medieval: una experiencia nueva en resturación. En el Perú restauró pintura de las iglesias de Santo Domingo y San Francisco, la Catedral, Santa Liberata, etc. Luego vino Buenos Aires. De formación basicamente empírica, Liber adquirió maestría en el oficio con las lecturas personales, de los viejos maestros del arte, la práctica de taller, tanto el suyo particular como en los que era contratado. Ello, unido a su trabajo de pintor, le ha proporcionado un amplio conocimiento sobre la pintura y sus técnicas. No es en la restauración sin embargo (pese al estímulo que la aventura española le suponía) en lo que piensa nuestro viajero al llegar el barco que lo lleva a España. La primera reacción al llegar es un punzante sentimiento de soledad: nadie lo espera en la estación. Pero el momento dura poco pues enseguida la nueva realidad lo devuelve al objetivo de su viaje: ¡conocer el Viejo Mundo! Y frente a dicha realidad Liber se siente americano:
"Me bajaron mis ocho pesadas valijas, propias de un americano".

Liber, aunque permanecerá la mayor parte del tiempo en Madrid, lugar donde debe asistir a la Academia, viajara también a Barcelona, Toledo, con breves excursiones al Norte de la península (Altamira) y pueblos de Castilla La Vieja y Castilla La Nueva. El viaje se caracterizará por una auténtica catarata de entusiasmo por parte de nuestro pintor que en cada cosa que ve, en cada monumento, en cada museo, ve premiada, ampliamente justificada, su breve estancia en el viejo continente. Más lejos que nunca del hogar familiar, las referencias de Liber siguen remitiéndose a aquel mundo, así como al de sus amistades. Esta referencia, desde otro punto de vista, es necesaria, en tanto en cuanto el destinatario de las cartas es su familia, la cual desconoce el carácter de los países que el hijo y/o el hermano recorre.


"Vigo es una ciudad cordial. Caminé un poco por sus avenidas céntricas. Esta noche había retreta "tipo Luján".

"La luna brillante y llena se recortaba en las altas calles llenas de recovecos. A veces parecían escenarios para piezas de títeres".

Más allá de eso, la referencia familiar, tiene que ver con una nostalgia, serena e incluso positiva, pero nostalgia al fin y al cabo, muy anclada en Liber especialmente desde la época de Brasil. Otra vez, en este caso el frío, le trae el recuerdo del padre:

"Ya empecé a pintar paisajes. Aquí el antiguo Madrid es fabuloso en diversidad de temas. Ayer estuve unas 3 horas pintando desde un viaducto, hacía fuerte viento. Cuando llegué a casa mi rostro ardía y estaba colorado como un tomate. ¡Cuanta salud! Esto me recordaba a papá cuando contaba cosas de Europa".

En definitiva Liber viaja pero no solo, pues siempre lo acompaña de modo perenne el recuerdo del mundo familiar.
La estancia en España si puede resumirse en una palabra esa es sin lugar a dudas: "¡entusiasmo!". Liber no deja de utilizar exclamaciones y frases ponderativas sobre su viaje. Esta claro que el aprendizaje principal no pasó tanto por la Academia de San Fernando, en la cual sin embargo realizó practicas de restauración muy valiosas; sino por la experiencia del viaje. Liber tiene como compañero de viaje a un pintor y grabador, Lasansky, que como él viaja a Europa con el fin de conocer. Ambos amigos, disfrutarán la excursión, tal como se desprende de la correspondencia, como un par de niños. Coinciden en la idea de que no están realizando un viaje snob, de contacto con el mundillo de las galerías y el comercio del arte, sino un viaje en el sentido pleno de la palabra, de acercamiento al paisaje y cultura europeos. A Liber no sólo le impresiona el caudal de cultura que observa en las viejas ciudades y museos, sino que historia y vida conviven pacificamente la una con la otra. En cualquier calleja o barrio por antiguo que sea vive la gente. Los antiguos conjuntos arquitectónicos no han sido aislados de la vida sino que forman parte de ella. Es por ello que Liber tiene la sensación de haber vivido un cuento de hadas. Pues es como si escenarios de todos los períodos históricos surgieran a su paso pero con toda la vida de la gente presente. En algunos casos la conservación de viejas tradiciones -el uso de trajes autóctonos-, así como el aislamiento en el que viven algunos pueblos, crean una ilusión menos fugitiva. De continuidad en el tiempo. En definitiva el balance de Liber es por donde se lo mire altamente positivo, proporcionándole lo que mil academias no harían.

"Este viaje, hermanitas, ha sido óptico. He visto y asimilado muchísimo. Esta es una gran lección que va a cambiar en mucho mis maneras de ver y sentir el color".

 

Francia

París es un punto del itinerario que Liber y Lasansky iniciaron en España, pero breve pues allí ambos amigos se separarán cada uno hacia sus respectivos destinos. París no pasa de una anécdota y como España (con las peculiaridades y diferencias del caso) es causa de entusiasmo reiterado: elevado a la décima potencia.

"Nos reíamos de tanta locura junta de arte. ¡Qué fiesta, hermanitas!"

"Esto, hermanitas, es cuento de hadas." "Hay que ver, hermanitas, esto".

 

Italia

Después de Madrid, Moncalvo es el otro destino de Liber en su viaje europeo. Moncalvo es una pequeña ciudad italiana ubicada en el Piamonte. El pintor viaja allí invitado por Carlo Grillo: un noble italiano con el cual trabó relación en Brasil. En Moncalvo vivirá rodeado por un tiempo de comodidades y afectos en casa de su noble amigo y de la madre de éste, la cual (una vez más se repite la historia) lo trata como a un hijo. En recuerdo del hijo que se marchó a Brasil y del cual no supo nunca más. Y como ocurre con otros países, la amistad de Grillo le ofrece la oportunidad del arraigo, e incluso del trabar contacto con el restaurador principal de Brera, pero Liber sabe que su viaje a Europa es un viaje necesario pero circunstancial. Liber seguirá camino para gran pena de su amigo que no puede aceptar la marcha del pintor. Grillo valoraba la pintura de Liber, -en Moncalvo el pintor se hace un pequeño taller- a la cual califica como simbolista. Grillo no ve figuras ni paisajes sino que un sentido simbólico, una interpretación del mundo, en las telas de Liber Fridman. La figuración por tanto al servicio de una idea del mundo. En este viaje fundamentalmente diletante Liber no invierte energías (a diferencias de años posteriores) en trabar contactos con galerías. Lo que ha visto de arte moderno en los museos de Madrid y París no lo han conmovido en absoluto, antes bien lo han radicalizado en su posición en contra del moderno arte.

"Nuestro criterio de arte es alto en toda la palabra (con Lasansky) y no pose."

"Ciertamente el arte abstracto es callejón sin salida. Le falta humanidad en su síntesis de forma y color. Este es mi punto de vista".

Y sí así opina respecto al moderno arte, al cual lo ataca no sólo por una cuestión de formación y mentalidad, sino también porque lo siente producto del snobismo y la pose, del mismo modo no congenia con los famosos centros de la modernidad parisina:

"Montparnasse no me pareció interesante. Es gris, con arquitectura sin mayor atractivo. Muy explorado. No me explico como puede vivir un intelectual. Hay mucha propaganda. Un poco de snobismo"...

Y prefiere como siempre la naturaleza: "El Sena en los atardeceres es lindísimo como Notre-Dame".

En definitiva: "He venido a Europa para ver, con mis ojos, este libro de la historia del hombre en la tierra. No me interesan las vanidades. Vivo mi propia vida. Esa es la verdad más pura que te puedo decir... Ahora sólo vivo para presenciar la obra maravillosa que el hombre ha creado."

Un barco lo trajo, un barco se lo llevó. Y antes de finalizar el año 1954 Liber está de regreso. Y en el barco, la iincultura y vulgaridad de los napolitanos, lo llevan a despedirse con un sentido crítico de su viaje europeo. "Estoy en plena arca de Noé, en una confusión de lenguas y gentes de todas las gamas que la especie humana puede imaginar"...

"Todavía falta pisar el gran charco. Ayer vi el Estrecho de Gibraltar, también Nápoles: sucia en grado máximo como su gente tan inculta. Esos son los emigrantes que aportan a nuestro país. Es una tristeza que no haya una cuidadosa selección para la gente que viene a América".

Quizá Liber no recordó en aquel instante que el mismo era hijo de emigrante europeo; lo que sí sabía que su padre no era uno de tantos, sino un hombre con inquietudes. Liber nunca transigió con la vulgaridad y lo que empezó como un viaje a la cultura, acabó con una anécdota, si se quiere, pero crítica al fin y al cabo, contra la incultura de la madre

Alguna foto representativa del viaje a Europa, a localizar por Liber.

 

Otra vez América: Venezuela (1955)

 

El viaje de Liber a Venezuela abre y cierra etapas. Abre la segunda etapa de las andanzas de Liber por América después del breve interludio europeo, pues después vendrán Perú y Buenos Aires, así como viajes menores a países ya transitados. Cierra y esto es lo fundamental la etapa de las andanzas propiamente dichas de Liber; esto es la segunda parte de nuestro escrito. Y las cierra no porque no siga viajando, sino porque se ha producido un cambio de perspectiva.

Liber, después de Venezuela, no viaja hacia fuera. Viaja hacia dentro. En Perú se produce el milagro tanto tiempo anhelado... pero, no nos adelantemos a los hechos y veamos cómo fue la experiencia venezolana.

 

Caracas, la hostil

Caracas es la primera ciudad de América cuyo recuerdo le trae a Liber sólo malestar. Fue una mala experiencia. En cierto modo un viaje sin rumbo. Pero como la premisa era seguir viajando, seguir buscando, Venezuela como objetivo era tan buen país como cualquier otro. En Caracas Liber no logra superar el sentimiento de soledad que lo ahoga. "Solo como un hongo" es la expresión de aquellos días. Y tan es así que en una carta dirigida a sus hermanas les dice que sólo se quedaría en la ciudad si tuviese compañía de alguna de ellas. Aquel esquema entusiasta, y que nunca le falló a Liber, de establecer lazos en una ciudad desconocida al poco tiempo de llegado, le salió mal en Caracas. La ciudad, por otro lado, le resultaba hostil, fea, ruidosa. Y las mujeres que siempre fueron su marco de referencia en los viajes tampoco le resultaron agradables:

"Tengo ganas de volverme. Aquí se sufre mucho la desvinculación. Aquí se oyen palabras de argentinos y de todas las nacionalidades. Se vive el frenesí del dinero y las amistades poco interesan. Yo frecuento reuniones de pintores pero los más importantes se dan tono de millonarios. Y a decir verdad no son extraordinarios..."

"Sí estuviese algunas de ustedes me quedaba, pero solo como un hongo no me resulta interesante."

"La ideología de la mujer aquí, en relación al Brasil, es como el día a la noche. Aquí la mujer es fría y sin gracia. Además Caracas está llena de hombres de todas partes del mundo. La mujer venezolana vive encerrada o paseando en su automóvil y las europeas entre sirvientas. Y las demás ¡son un asco de ver! Y como no creo haber pasado de moda aún, dicho sea de paso, prefiero el Brasil como tierra acogedora y tan amiga que ha sido conmigo".

En 1955 Caracas es una ciudad moderna, cosmopolita. A diferencia del Brasil, donde Liber halló hospitalidad, eco, su figura pasa desapercibida. Se pierde en el marasmo de la velocidad, el tráfico y la gente. En 1955 Liber no llega a tiempo a Caracas. En 1955 es una ciudad invadida por la modernidad. Es dicha realidad la que le hace decir a Liber "prefiero la Venezuela de antaño". Por sí esto fuera poco la muestra que hace en base a una serie de motivos locales no tiene acogida agradable. Sólo la indiferencia. Y Liber achaca su falta de éxito al predominio del arte abstracto en el mercado y gustos de la gente:

"Si hubiera traído cosas abstractas era diferente. Tal es la fiebre del mal gusto".

Pese a todo, Liber es consecuente con la elección realizada y no piensa huir de la ciudad: "Ya que estamos en el baile seguimos bailando" -dice Liber-. Y Liber sigue bailando otro año más en Venezuela.

 

"La Venezuela de antaño"

 

Frente a la capital, el interior del país resulta acogedor, proporcionándole temas para su pintura y además amistades. Y sí algo salva la estancia venezolana son los viajes al interior del país: a la selva. Allí redescubre, como si la experiencia de Caracas le hubiera hecho olvidar sus gustos y tendencias, que en la provincia se huele el sabor local. Hay tiempo para la amistad y para pintar:

"Vivo solo en un caserón antiguo... Soy amigo de muchos médicos y comerciantes de este pueblo, tipo Luján. [...] Ciertamente vale la pena vivir en el interior: hay horas y más horas de tiempo para dedicarlas al trabajo y a visitar amigos."

"...Fuimos a un claro de la selva virgen. Había un manantial y hubo payada de guitarreros y cacería y comimos aves y animales del monte, en rico asado. Yo estoy arrepentido de haberme perdido tantos meses por Caracas, con tan insolente tráfico y vida, por lo menos para mí, hostil".

En el interior, solo respecto al mundo del arte vuelve a encontrar su centro. "Prefiero ir solo, aunque sea mala política". "Pintar la naturaleza en su clima" -ese es su objetivo. En el interior Liber pintará una serie de telas que luego expondrá en Caracas. En el interior es donde se produce el verdadero nexo con sus viajes anteriores. El interior finalmente le hace decir una vez y otra más "no me pesa andar" y "si algún día paro podré decir que estuve en el Amazonas, en Europa..."

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LIBER FRIDMAN ...por los caminos de américa

Panorama del Viejo Mundo (I)

 

Panorama del Viejo Mundo (1954-55)

"He venido a Europa para ver con mis ojos este libro de la historia del hombre en la tierra"

Desde la época de Brasil que Liber se tienta con la idea de viajar a Europa. Sentía que dicho viaje era una vieja deuda personal contraída con el mundo de la cultura y que debía hacer el esfuerzo para conseguirlo. Por entonces, pese a la belleza de la ciudad recifeña, a Liber se le hace cuesta arriba el clima de esa tierra.

"Y los calores me tenían deprimido y harto de vivir allí. Ahora las cosas cambiarán y además ganaré y estudiaré" -comenta Liber al llegar a España- Por otro lado era necesario cambiar de horizontes. En Brasil el panorama no daba para más. Europa se ofrecía como el mejor lugar para progresar técnicamente, aunar nuevas experiencias, en especial la de conocer el propio Viejo Mundo:

"Ustedes deben comprender que no podré dejar de ir algún día al Viejo Mundo (...) Debo adquirir más conocimientos técnicos"

Y no sólo Liber pensaba de ese modo pues el núcleo de amistades de Recife, gente vinculada con el mundo del arte y de la cultura, lo incentivaron en este sentido. Liber gestionó entonces una beca para estudiar en España, en la Academia Real de San Fernando, restauración y otras materias relacionadas con la pintura. Así pues, a los 44 años de edad, viaja a Europa en calidad de estudiante. Para Liber Fridman el tiempo nunca fue un contratiempo para su deseo de crecer.

 

España

España es, pues, la primera parada del viaje de Liber a Europa, pues allí va a perfeccionarse tecnicamente en restauración. Hecho que no ocurría desde los lejanos tiempos del Museo de Luján. Dicha circunstancia puede servirnos para tratar siquiera brevemente el hasta entonces soslayado tema del restauro. Liber si bien vivió durante un tiempo de la venta de retratos por encargo, sobre todo en el período brasileño, la fuente de su sustento fue en todo momento la restauración. Y allí por donde anduvo restauró. Su formación fue basicamente pragmática. Iniciado por Zuliani en Luján, siguió solo, y adquirió experiencia con trabajos particulares, así como para el patrimonio de la nación, tanto en Paraguay como en Brasil. En Paraguay el grueso de lo restaurado fueron imágenes religiosas. En Brasil trabaja bajo la dirección de Edson Motta, en Manaos, en la restauración de la bóveda del Teatro de la Paz. La experiencia en San Fernando le sirvió para trabajar en obras del período medieval: una experiencia nueva en resturación. En el Perú restauró pintura de las iglesias de Santo Domingo y San Francisco, la Catedral, Santa Liberata, etc. Luego vino Buenos Aires. De formación basicamente empírica, Liber adquirió maestría en el oficio con las lecturas personales, de los viejos maestros del arte, la práctica de taller, tanto el suyo particular como en los que era contratado. Ello, unido a su trabajo de pintor, le ha proporcionado un amplio conocimiento sobre la pintura y sus técnicas. No es en la restauración sin embargo (pese al estímulo que la aventura española le suponía) en lo que piensa nuestro viajero al llegar el barco que lo lleva a España. La primera reacción al llegar es un punzante sentimiento de soledad: nadie lo espera en la estación. Pero el momento dura poco pues enseguida la nueva realidad lo devuelve al objetivo de su viaje: ¡conocer el Viejo Mundo! Y frente a dicha realidad Liber se siente americano:
"Me bajaron mis ocho pesadas valijas, propias de un americano".

Liber, aunque permanecerá la mayor parte del tiempo en Madrid, lugar donde debe asistir a la Academia, viajara también a Barcelona, Toledo, con breves excursiones al Norte de la península (Altamira) y pueblos de Castilla La Vieja y Castilla La Nueva. El viaje se caracterizará por una auténtica catarata de entusiasmo por parte de nuestro pintor que en cada cosa que ve, en cada monumento, en cada museo, ve premiada, ampliamente justificada, su breve estancia en el viejo continente. Más lejos que nunca del hogar familiar, las referencias de Liber siguen remitiéndose a aquel mundo, así como al de sus amistades. Esta referencia, desde otro punto de vista, es necesaria, en tanto en cuanto el destinatario de las cartas es su familia, la cual desconoce el carácter de los países que el hijo y/o el hermano recorre.


"Vigo es una ciudad cordial. Caminé un poco por sus avenidas céntricas. Esta noche había retreta "tipo Luján".

"La luna brillante y llena se recortaba en las altas calles llenas de recovecos. A veces parecían escenarios para piezas de títeres".

Más allá de eso, la referencia familiar, tiene que ver con una nostalgia, serena e incluso positiva, pero nostalgia al fin y al cabo, muy anclada en Liber especialmente desde la época de Brasil. Otra vez, en este caso el frío, le trae el recuerdo del padre:

"Ya empecé a pintar paisajes. Aquí el antiguo Madrid es fabuloso en diversidad de temas. Ayer estuve unas 3 horas pintando desde un viaducto, hacía fuerte viento. Cuando llegué a casa mi rostro ardía y estaba colorado como un tomate. ¡Cuanta salud! Esto me recordaba a papá cuando contaba cosas de Europa".

En definitiva Liber viaja pero no solo, pues siempre lo acompaña de modo perenne el recuerdo del mundo familiar.
La estancia en España si puede resumirse en una palabra esa es sin lugar a dudas: "¡entusiasmo!". Liber no deja de utilizar exclamaciones y frases ponderativas sobre su viaje. Esta claro que el aprendizaje principal no pasó tanto por la Academia de San Fernando, en la cual sin embargo realizó practicas de restauración muy valiosas; sino por la experiencia del viaje. Liber tiene como compañero de viaje a un pintor y grabador, Lasansky, que como él viaja a Europa con el fin de conocer. Ambos amigos, disfrutarán la excursión, tal como se desprende de la correspondencia, como un par de niños. Coinciden en la idea de que no están realizando un viaje snob, de contacto con el mundillo de las galerías y el comercio del arte, sino un viaje en el sentido pleno de la palabra, de acercamiento al paisaje y cultura europeos. A Liber no sólo le impresiona el caudal de cultura que observa en las viejas ciudades y museos, sino que historia y vida conviven pacificamente la una con la otra. En cualquier calleja o barrio por antiguo que sea vive la gente. Los antiguos conjuntos arquitectónicos no han sido aislados de la vida sino que forman parte de ella. Es por ello que Liber tiene la sensación de haber vivido un cuento de hadas. Pues es como si escenarios de todos los períodos históricos surgieran a su paso pero con toda la vida de la gente presente. En algunos casos la conservación de viejas tradiciones -el uso de trajes autóctonos-, así como el aislamiento en el que viven algunos pueblos, crean una ilusión menos fugitiva. De continuidad en el tiempo. En definitiva el balance de Liber es por donde se lo mire altamente positivo, proporcionándole lo que mil academias no harían.

"Este viaje, hermanitas, ha sido óptico. He visto y asimilado muchísimo. Esta es una gran lección que va a cambiar en mucho mis maneras de ver y sentir el color".

 

Francia

París es un punto del itinerario que Liber y Lasansky iniciaron en España, pero breve pues allí ambos amigos se separarán cada uno hacia sus respectivos destinos. París no pasa de una anécdota y como España (con las peculiaridades y diferencias del caso) es causa de entusiasmo reiterado: elevado a la décima potencia.

"Nos reíamos de tanta locura junta de arte. ¡Qué fiesta, hermanitas!"

"Esto, hermanitas, es cuento de hadas." "Hay que ver, hermanitas, esto".

 

Italia

Después de Madrid, Moncalvo es el otro destino de Liber en su viaje europeo. Moncalvo es una pequeña ciudad italiana ubicada en el Piamonte. El pintor viaja allí invitado por Carlo Grillo: un noble italiano con el cual trabó relación en Brasil. En Moncalvo vivirá rodeado por un tiempo de comodidades y afectos en casa de su noble amigo y de la madre de éste, la cual (una vez más se repite la historia) lo trata como a un hijo. En recuerdo del hijo que se marchó a Brasil y del cual no supo nunca más. Y como ocurre con otros países, la amistad de Grillo le ofrece la oportunidad del arraigo, e incluso del trabar contacto con el restaurador principal de Brera, pero Liber sabe que su viaje a Europa es un viaje necesario pero circunstancial. Liber seguirá camino para gran pena de su amigo que no puede aceptar la marcha del pintor. Grillo valoraba la pintura de Liber, -en Moncalvo el pintor se hace un pequeño taller- a la cual califica como simbolista. Grillo no ve figuras ni paisajes sino que un sentido simbólico, una interpretación del mundo, en las telas de Liber Fridman. La figuración por tanto al servicio de una idea del mundo. En este viaje fundamentalmente diletante Liber no invierte energías (a diferencias de años posteriores) en trabar contactos con galerías. Lo que ha visto de arte moderno en los museos de Madrid y París no lo han conmovido en absoluto, antes bien lo han radicalizado en su posición en contra del moderno arte.

"Nuestro criterio de arte es alto en toda la palabra (con Lasansky) y no pose."

"Ciertamente el arte abstracto es callejón sin salida. Le falta humanidad en su síntesis de forma y color. Este es mi punto de vista".

Y sí así opina respecto al moderno arte, al cual lo ataca no sólo por una cuestión de formación y mentalidad, sino también porque lo siente producto del snobismo y la pose, del mismo modo no congenia con los famosos centros de la modernidad parisina:

"Montparnasse no me pareció interesante. Es gris, con arquitectura sin mayor atractivo. Muy explorado. No me explico como puede vivir un intelectual. Hay mucha propaganda. Un poco de snobismo"...

Y prefiere como siempre la naturaleza: "El Sena en los atardeceres es lindísimo como Notre-Dame".

En definitiva: "He venido a Europa para ver, con mis ojos, este libro de la historia del hombre en la tierra. No me interesan las vanidades. Vivo mi propia vida. Esa es la verdad más pura que te puedo decir... Ahora sólo vivo para presenciar la obra maravillosa que el hombre ha creado."

Un barco lo trajo, un barco se lo llevó. Y antes de finalizar el año 1954 Liber está de regreso. Y en el barco, la iincultura y vulgaridad de los napolitanos, lo llevan a despedirse con un sentido crítico de su viaje europeo. "Estoy en plena arca de Noé, en una confusión de lenguas y gentes de todas las gamas que la especie humana puede imaginar"...

"Todavía falta pisar el gran charco. Ayer vi el Estrecho de Gibraltar, también Nápoles: sucia en grado máximo como su gente tan inculta. Esos son los emigrantes que aportan a nuestro país. Es una tristeza que no haya una cuidadosa selección para la gente que viene a América".

Quizá Liber no recordó en aquel instante que el mismo era hijo de emigrante europeo; lo que sí sabía que su padre no era uno de tantos, sino un hombre con inquietudes. Liber nunca transigió con la vulgaridad y lo que empezó como un viaje a la cultura, acabó con una anécdota, si se quiere, pero crítica al fin y al cabo, contra la incultura de la madre

Alguna foto representativa del viaje a Europa, a localizar por Liber.

 

Otra vez América: Venezuela (1955)

 

El viaje de Liber a Venezuela abre y cierra etapas. Abre la segunda etapa de las andanzas de Liber por América después del breve interludio europeo, pues después vendrán Perú y Buenos Aires, así como viajes menores a países ya transitados. Cierra y esto es lo fundamental la etapa de las andanzas propiamente dichas de Liber; esto es la segunda parte de nuestro escrito. Y las cierra no porque no siga viajando, sino porque se ha producido un cambio de perspectiva.

Liber, después de Venezuela, no viaja hacia fuera. Viaja hacia dentro. En Perú se produce el milagro tanto tiempo anhelado... pero, no nos adelantemos a los hechos y veamos cómo fue la experiencia venezolana.

 

Caracas, la hostil

Caracas es la primera ciudad de América cuyo recuerdo le trae a Liber sólo malestar. Fue una mala experiencia. En cierto modo un viaje sin rumbo. Pero como la premisa era seguir viajando, seguir buscando, Venezuela como objetivo era tan buen país como cualquier otro. En Caracas Liber no logra superar el sentimiento de soledad que lo ahoga. "Solo como un hongo" es la expresión de aquellos días. Y tan es así que en una carta dirigida a sus hermanas les dice que sólo se quedaría en la ciudad si tuviese compañía de alguna de ellas. Aquel esquema entusiasta, y que nunca le falló a Liber, de establecer lazos en una ciudad desconocida al poco tiempo de llegado, le salió mal en Caracas. La ciudad, por otro lado, le resultaba hostil, fea, ruidosa. Y las mujeres que siempre fueron su marco de referencia en los viajes tampoco le resultaron agradables:

"Tengo ganas de volverme. Aquí se sufre mucho la desvinculación. Aquí se oyen palabras de argentinos y de todas las nacionalidades. Se vive el frenesí del dinero y las amistades poco interesan. Yo frecuento reuniones de pintores pero los más importantes se dan tono de millonarios. Y a decir verdad no son extraordinarios..."

"Sí estuviese algunas de ustedes me quedaba, pero solo como un hongo no me resulta interesante."

"La ideología de la mujer aquí, en relación al Brasil, es como el día a la noche. Aquí la mujer es fría y sin gracia. Además Caracas está llena de hombres de todas partes del mundo. La mujer venezolana vive encerrada o paseando en su automóvil y las europeas entre sirvientas. Y las demás ¡son un asco de ver! Y como no creo haber pasado de moda aún, dicho sea de paso, prefiero el Brasil como tierra acogedora y tan amiga que ha sido conmigo".

En 1955 Caracas es una ciudad moderna, cosmopolita. A diferencia del Brasil, donde Liber halló hospitalidad, eco, su figura pasa desapercibida. Se pierde en el marasmo de la velocidad, el tráfico y la gente. En 1955 Liber no llega a tiempo a Caracas. En 1955 es una ciudad invadida por la modernidad. Es dicha realidad la que le hace decir a Liber "prefiero la Venezuela de antaño". Por sí esto fuera poco la muestra que hace en base a una serie de motivos locales no tiene acogida agradable. Sólo la indiferencia. Y Liber achaca su falta de éxito al predominio del arte abstracto en el mercado y gustos de la gente:

"Si hubiera traído cosas abstractas era diferente. Tal es la fiebre del mal gusto".

Pese a todo, Liber es consecuente con la elección realizada y no piensa huir de la ciudad: "Ya que estamos en el baile seguimos bailando" -dice Liber-. Y Liber sigue bailando otro año más en Venezuela.

 

"La Venezuela de antaño"

 

Frente a la capital, el interior del país resulta acogedor, proporcionándole temas para su pintura y además amistades. Y sí algo salva la estancia venezolana son los viajes al interior del país: a la selva. Allí redescubre, como si la experiencia de Caracas le hubiera hecho olvidar sus gustos y tendencias, que en la provincia se huele el sabor local. Hay tiempo para la amistad y para pintar:

"Vivo solo en un caserón antiguo... Soy amigo de muchos médicos y comerciantes de este pueblo, tipo Luján. [...] Ciertamente vale la pena vivir en el interior: hay horas y más horas de tiempo para dedicarlas al trabajo y a visitar amigos."

"...Fuimos a un claro de la selva virgen. Había un manantial y hubo payada de guitarreros y cacería y comimos aves y animales del monte, en rico asado. Yo estoy arrepentido de haberme perdido tantos meses por Caracas, con tan insolente tráfico y vida, por lo menos para mí, hostil".

En el interior, solo respecto al mundo del arte vuelve a encontrar su centro. "Prefiero ir solo, aunque sea mala política". "Pintar la naturaleza en su clima" -ese es su objetivo. En el interior Liber pintará una serie de telas que luego expondrá en Caracas. En el interior es donde se produce el verdadero nexo con sus viajes anteriores. El interior finalmente le hace decir una vez y otra más "no me pesa andar" y "si algún día paro podré decir que estuve en el Amazonas, en Europa..."

 

 

 

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