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Pueblos
misioneros
"Todavía
llego a tiempo, así como hubiera hecho un viajero de 1830"
"Así
iba estudiando el aporte indígena de las artes locales"
"Estos
días adversos comunicaban a mi andar de pueblo en pueblo cierta
tristeza"
Los pueblos
misioneros con sus monumentos y ruinas jesuíticas constituyeron
la segunda escala del viaje de Liber hacia el mundo de las antiguas
culturas del continente americano. Dicho viaje fue continuación
natural del emprendido en Santa Fé y provisionalmente interrumpido
por el episodio de La Andariega. Pero fue un viaje cualitativamente
más importante no sólo por el tiempo invertido en su realización
-alrededor de 8 años más o menos- sino por el material acumulado
en forma de:
- Pinturas,
dibujos acuarelados de motivos arquitectónicos, escultóricos
y pictóricos.
- Fotografías
-de gran calidad, dignas de un premio- de conjuntos arquitectónicos,
esculturas y objetos.
- Material
escrito en forma de artículos de estudio que aparecieron publicados
periódicamente (desde 1940 Liber empezó a enviar material a
Buenos Aires a la redacción de diarios como "La Nación" y de
cuyo trámite se encargaran sus hermanas).
- Charlas
y conferencias locales.
- Y un material,
no menos desdeñable, formado por sus agendas, "cuadernos de
viaje" y "libros de a bordo" del período paraguayo y que cubren
los años de 1940 a 1946.
- Un material
variado, iconográfico como escrito, de sumo interés por sus
originales aportes, pero que aún no encontró la forma de un
escrito definitivo; a la espera de la mano del historiador de
arte especializado en el período misionero que lo saque a la
luz pública.
Reivindicando
la figura de Liber Fridman en su justo lugar: como la del artista
que, en solitario, sin otra guía que su curiosidad e interés por
conocer la historia, arriesgó un buen puñado de los años de su
vida en rescatar un material sumido en el olvido de la selva.
(Muchos elementos plásticos, escultóricos y arquitectónicos recogidos
por el pintor no existen en la actualidad). Y que dicho aporte
ocurrió en fecha tan temprana como la década de los cuarenta.
Los cuadernos
de viaje de esta aventura con su arsenal de citas nos sirven para
definir algunas de las características que asumió la experiencia
paraguayo-misionera. Las notas que presiden el presente texto
son un buen ejemplo. En la primera dice "todavía llego a tiempo".
Dicho comentario hay que situarlo dentro de su contexto: Liber
debido a su permanente estado de mala salud regresó a Buenos Aires
un número superior al dieciséis (último número anotado en sus
cuadernos), para recibir los cuidados de la familia. De ningún
país partió y retornó tanto como del Paraguay de esa época. La
expresión de Liber "muchos males, muchas andanzas" resumen ajustadamente
pues estos tiempos.
"Tienes que
tratar de cumplir estrictamente tu tratamiento antes de largarte
a trotar mundo" -le recomienda su amigo Herib-
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Tomando
un mate, en su casa azunceña
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Cuando
la gravedad del caso o la falta de medios le impidió viajar
a Buenos Aires, recibió la visita de su familia en Asunción,
la de su hermana Ignacia quien, en todo momento, desempeñaría
el papel de hermana-madre "Todavía llego a tiempo porque
anduve retenido por otros problemas" se lee entonces en
la cita, pero, al añadir "así como hubiera hecho un viajero
de 1830" cobra otro significado. América todavía es terreno
virgen para mis exploraciones: todavía hay cosas nuevas
por descubrir, tanto al mundo como a mi mismo. Descubrir
las maravillas de América. La mención de la palabra "explorador"
nos pone de evidencia cual es el modelo que inspiraba a
Liber. Liber se siente un explorador, como los del siglo
pasado, como Humboldt, como Demersay, y desea emular sus
acciones. Es el reencuentro con el sueño de niño y que tío
Kive le inspirara en el hogar familiar. Por tanto, los aportes
de Liber al estudio del arte misionero deben situarse en
dicho contexto. Aporte a la manera del explorador romántico
del siglo pasado, pero en los años cuarenta del siglo XX.
Liber
descubre el estado ruinoso en el cual se encuentra el arte
misionero paraguayo. Conjunto arquitectónico disperso a
lo largo de una serie de pueblos a los que a veces sólo
se puede acceder mediante el machete: luchando con la vegetación
selvática que crece una y otra vez e imposibilita la entrada
a los recintos.
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Liber observa
y anota que en esos pueblos dispersos, de escasa población, el
castellano es un idioma extranjero y tiene preponderancia el guaraní
como medio de comunicación. Pueblos tranquilos, solitarios, con
una idea del tiempo totalmente distinta a la occidental, incluso
a la del propio Liber: va a ser una tónica de sus viajes la dificultad
para conseguir medios de transporte de un pueblo a otro. Dificultad
producida no sólo por una adversa climatología, sino debido a
una especie de incuria, un dejarse estar, un tomarse las cosas
tal como vienen, cuando hay problemas.
"Paraguay:
país que invita al descanso, pues para hacer algo uno debe tener
gran voluntad"
Y frente a
la prisa de Liber por ver, por anotar, por copiar, se opone "la
pachorra" de los lugareños. Esos lugareños que no se interrogan
por el pasado que se yergue ahí nomás, a pocos metros, sino que
lo viven como sí se tratara de un presente continuo. Pues siguen
asistiendo a sus iglesias -a esas iglesias antiguas, viejas reliquias-,
con el culto a sus santos domésticos -Liber va a encontrar, incluso
en el rancho más humilde, verdaderas piezas del arte escultórico
misionero jesuítico. Como una herencia de sus antepasados indígenas
que los fabricaron con sus propias manos.
Y como sus
antepasados, artistas y artesanos, los pobladores actuales no
lo son menos. Artesanos de elevada edad, cuyo producto es infimamente
valorado por el comerciante occidental, trabajan en medio de los
mayores silencios hasta que la muerte los convierta en huesos,
en polvo, en nada. En el aire de esa tierra.
"Así iba estudiando
el aporte indígena a las artes locales" es la segunda cita que
preside este capítulo. Y, efectivamente, así procede pueblo tras
pueblo: en San Cosme, Trinidad, Jesús, Apóstoles, Yaguarón, San
Ignacio, Coronel Bogado, Santa Rosa, Santa María Fe, San Juan,
Paraguarí, Tobati, Ibitimi, Borja, etc. Cada uno de ellos será
visitado, fotografiado, sus objetos y relieves copiados; recopilado
datos en el archivo histórico de la ciudad de Asunción.
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La
labor de Liber, ya en solitario, ya dirigiendo un piquete
de macheteros, fue objeto de la atención pública tal como
atestiguan las notas de diarios locales y de Buenos Aires.
Del mismo modo, despertó el interés de la curia. Y es aquí
cuando entra en escena la figura de Monseñor Bogarin: una
amistad de aquel tiempo empeñada en el rescate del aporte
artístico local de la colonia y que, aprovechando el impulso
del artista, le encarga la labor de adquirir piezas de arte
misionero. Liber busca aquí y allá y algunas veces las ruinas
le ofrecen espontáneamente la oportunidad. Muchos objetos
-cabezas de santos por ejemplo- aparecen dispersos en la
maleza.
"Hay
más de 8 santos todos ellos mutilados. ¡Ni que hubieran
estado en la Revolución Francesa!"
Otras
veces Liber sigue sus propias pesquisas de pueblo en pueblo
pero los lugareños son muy celosos de sus reliquias y no
las venden.
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En
el exterior de las ruinas de Trinidad,
rescatadas de la selva bajo su dirección, año
1941
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"No hay casa
aquí que no tenga por lo menos cuatro o cinco imágenes." Hay ocasiones,
incluso, que a causa de los famosos objetos se ve envuelto en
aventuras que estuvieron a punto de costarle la vida o que directamente
lo condujeron a la cárcel.
Finalmente,
el balance es bueno pese a las adversidades y Liber consigue hacerse
con un número de objetos tal, de tallas y pinturas, que dispone
de un material abundante para crear un museo. Y sí, lo hace. Gracias
a los aportes de Liber Fridman, por un lado, y la gestión de Monseñor
Bogarin por otro, el Paraguay posee desde aquella época un museo
de arte misionero. Liber lo funda y es su primer director pero,
así como su labor había atraído los buenos oficios de Monseñor
Bogarin, del mismo modo suscitó todo tipo de envidias, de mala
prensa entre los lugareños. Se había creado para ese entonces
una atmósfera enrarecida y Liber entonces opta por marcharse del
Paraguay. Un nuevo norte había detectado la brújula de sus sueños
de andariego.
La última
cita del presente bloque hace mención a la tónica de sus viajes
por el interior paraguayo: climatología adversa -lluvias torrenciales
que impiden continuar viaje y obligan a permanencias no deseadas
en lugares aislados-, malos caminos, variopinto sistema de comunicaciones,
etc. Pero, por sobre todo, andanza real, andanza de verdadera
caminata. Trajín en los trenes, colectivos, carretas, caballos.
Sin lugar a dudas esta fue una etapa en las andanzas de Liber
que "más polvo debió mascar". Experiencias como éstas que a veces
lo desanimaban. El camino no era piel de melocotón. Era entonces
cuando cobraba verdadero relieve sus lecturas sobre los exploradores
del siglo pasado: sobre las adversidades, dificultades sin fin
que tuvieron que experimentar, para lograr el objetivo propuesto.
Pero Liber, de natural emprendedor, espíritu positivo, tomaba
bríos enseguida, y la recompensa de visitar personalmente aquellos
testimonios del arte indígena del siglo XVII paraguayo lo retribuía
de las dificultades sufridas. "Yo creo que estos viajes son de
los pocos que realizaré en mi vida, a pesar que tienen sus encantos.
Fatigan mucho pero creo perfectamente que los antiguos viajeros
en misiones parecidas a las mías han sufrido demasiadas penurias
para reunir una obra vasta y capaz de fijarla para la posteridad.
Me imagino a Demersay que llevó un itinerario parecido al mío.
¡Cuantos tropiezos habrá tenido!
Un comentario
de esta naturaleza hace pensar que el Liber de aquella época no
tenía concentrada su atención, como en otros momentos de su vida,
en el tema de la pintura. La época del Paraguay si bien aportó
a su pintura los tintes locales -con la incorporación de paisajes,
tipos -los característicos mitaís- fue una época de andanza, de
camino, de búsqueda fundamentalmente.
Es un verdadero
abanico de actividades, de intereses, (la restauración, el retrato,
el estudio de una cultura antigua, la andanza, etc) que despliega
Liber en esta ocasión. Abanico lo suficientemente amplio como
para provocar la dispersión y consumir una energía considerable
-¿sería esta una causa que subyacía a sus dolencias crónicas?-.
La cuestión es que mientras el Liber de Santa Fé tiene centrado
todol el interés en la pintura; por oposición, el Liber del Paraguay
ofrece la imagen de un hombre de interés múltiple y que invierte
un buen número de sus energías en la aventura misionera. Cabe
pensar que su pintura se desarrollaba al margen, paralelamente
a la experiencia de vida, y que, como en vida latente, seguía
su propio curso interno. Los aportes de estos tiempos sedimentarán
y brotarán en forma de nuevos frutos en épocas posteriores, pero
por entonces Liber va quemando etapas. El momento de la acuñación
de un estilo personal todavía quedaba lejos...
Rosemary
"Le
pregunté por Rosemary y me respondió: 'La Niña' hace rato que
nos dejó y se fue a la Argentina"
La historia
amorosa de Liber en la etapa paraguaya tiene varios nombres, en
algunos casos, mejor dicho, sobrenombres. Apodos como "La Porota"
o "Nenuca o Nenucha" aparecen -el azar las salvó del olvido- en
sus cuadernos de viajes como breves notas de amores pasajeros.
El que sí
no fue pasajero fue el noviazgo que Liber llegó a formalizar,
con proyecto de boda, con una joven de origen anglo-germánico,
natural de la ciudad de Chelsea, Rosemary Müller, en el año 1941.En
este caso no son breves notas las que nos permiten la reconstrucción
de esta historia sino una correspondencia amorosa: la enviada
por Rosemary a Liber en el curso del año 1941.
Lamentablemente
lo que sí no poseemos es la correspondencia en sentido inverso.
En este caso la memoria de Liber nos sirve para rescatar la otra
mitad de la historia.
Rosemary era
de profesión grabadora y colaboraba con sus trabajos en diarios
de Londres. Por circunstancias que desconocemos Rosemary viaja
con su madre y hermano al Paraguay con la idea de quedarse permanentemente.
Al parecer el padre había muerto y su cuerpo descansaba en Chelsea.
Un ancla era el distintivo del cementerio donde había sido enterrado,
pues se trataba de un marino -recuerda Liber.
La familia
Müller no elige como lugar de residencia la ciudad de Asunción
-a la cual sin embargo se trasladan con frecuencia- sino una población
cercana "Bernal-Cué-Altos". Es allí donde Liber conoce a Rosemary
pero en unas circunstancias "altamente" románticas: en el contexto
de una aventura hecha a la medida del espíritu aventurero y romántico
de nuestro protagonista.
La conoce
primero por el sobrenombre. Un día, en Asunción, un médico amigo
le pregunta:
-"Y Usted,
Fridman, que tanto ha viajado por el Paraguay, conoce a "La Amazona".
Y Liber ya
esta intrigado por conocer a esa persona que lleva tan sugestivo
nombre.
-"Vive en
Bernal-Cué, -añade- con su madre y su hermano. En una casa que
tiene un farol colgado en el pórtico de entrada. Es fácil de identificar,
no se perderá".
Y Liber no
lo piensa dos veces y monta en su caballo, pues el caballo era
el mejor amigo del hombre en esos caminos polvorientos e intransitables
para el vehículo rodado. En el camino una tormenta se desata,
de esas que sin previo aviso azotan el Paraguay. Liber lleva cabalgando
varias horas. Se cree perdido, el caballo parece llevar su propio
rumbo, cuando... una luz débil, al fondo, indica cerca la presencia
humana. Un farolito colgado del pórtico de una casa lo confirma
de que esta sobre la pista verdadera. Liber toca la puerta y una
ráfaga de luz ilumina la oscuridad reinante. Un joven empapado
se presenta ante los ojos curiosos de una rubia joven y los desorbitados
de una mujer, más madura, que no entienden lo imprevisto del caso.
Y la mujer, la que luego se reconoce como la madre, dice:
-"Se fue un
hijo, pero la lluvia me trajo otro".
Y es que Liber
era ajeno al drama que había sucedido momentos antes de su llegada:
el hijo de aquella mujer había abandonado el hogar por ir a la
guerra. (Recordemos que el mundo en aquella época está en plena
segunda guerra mundial). El hijo se había ido a pelear a favor
de los alemanes. De allí el comentario de la madre -doblemente
angustiada por la decisión del hijo-.
Un encuentro,
como decíamos, altamente sugestivo, y que aportaría a la relación
en sus inicios, esa cuota de romanticismo tan necesaria a todas
las historias amorosas. La relación con Rosemary es diferente
cualitativamente a la que había tenido hasta entonces Liber con
otras mujeres, pues no se trata de una mujer vulgar. Rosemary
Müller era una mujer culta, con conocimiento de mundo y parece
ser que una grabadora de gran calidad. Leída y conocedora al menos
de un par de lenguas -el inglés era su lengua natal-. Se trata,
por tanto, de una mujer que está a la par que Liber. Y es precisamente
esta igualdad la que en, un principio, favorece una estrecha relación.
Una relación basada en la coincidencia de aficiones, de ideas
e incluso de profesiones. Sin embargo, contradictoriamente, dicha
igualdad es la que en última instancia hará imposible la relación.
No de otro modo la propia Rosemary explica la razón de la ruptura:
se trataban de dos seres con voluntades y personalidades muy formadas
y que al parecer no estaban dispuestas a ceder para dar lugar
a esa tercera cosa que es un proyecto común de vida. Especie de
síntesis entre ambas partes. Fue Rosemary la que de hecho tomó
la iniciativa rompiendo su relación con Liber.
La otra versión
que Liber rescata hoy al recordar la historia hace hincapié en
un aspecto, para él más determinante en la balanza de la ruptura,
en este caso propiciada por él, es que en aquel entonces era un
hombre romántico y como tal dice "respeté mi romanticismo".
"La respeté a ella, cuando ella hubiera esperado otra respuesta
de mi parte. Yo pasaba largas temporadas en Bernal-Cué y ambos
salíamos a cabalgar hasta que la noche nos cubría con su manto.
"La Amazona" hacía entonces verdadera gala del apodo que se había
ganado entre la gente. Y ella luego me invitaba a que nos bañáramos
en el río, pero yo la contemplaba desde la distancia. Yo la quería
para casarnos..." "(...) Ha pasado el tiempo y un día en Harrods,
en Buenos Aires, vi de lejos a la madre. Luego, cuando volví a
viajar a Asunción con motivo de una muestra de mis dibujos misioneros,
pregunté por ella. Me dijeron que no sabían nada. No sé si estará
muerta"...
Adiós,
Paraguay
"Aquí
se me creará un ambiente hostil..."
"Estos
son días de desgracia para mi voluntad, -quería dejarlo anotado"
"Un
no sé qué me obliga a andar..."
"Dentro
de muy breve plazo iniciaré mi tan soñado deseo de pintar en ese
maravilloso país que es el Brasil"...
Estas son
expresiones lo suficientemente aclaradoras para explicar porqué
en el año 1945 Liber abandona definitivamente Paraguay (aunque
en el año 1946 Liber retornará por circunstancias imprevistas
y aprovecha para hacer una muestra en la Casa Argentina del Paraguay;
en 1945 Liber había realizado su primer viaje a Brasil).
Gradualmente
se le han ido cerrando las puertas en aquel país ("un ambiente
hostil"): sus iniciativas de organización de los aportes locales
no fueron miradas con buenos ojos por el paraguayo nacionalista,
como ya dijimos. Por otro lado, esa sobredosis de energía que
parece exigir el clima paraguayo vence a veces su voluntad (de
común inquebrantable). Y, más que eso, no hay daño mayor para
él que la inactividad en la que muchas veces estaba sumido el
país y que lo obliga a cruzarse de manos, cuando éstas lo que
le demandaban era acción. Deseos de hacer, de ver otras cosas,
de volar. Y en el horizonte, el país verde por antonomasia del
continente, se le ofrece como el señuelo de su próxima andanza.
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