LIBER FRIDMAN ...por los caminos de américa

 

paraguay (II)

 

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Pueblos misioneros

 

"Todavía llego a tiempo, así como hubiera hecho un viajero de 1830"

"Así iba estudiando el aporte indígena de las artes locales"

"Estos días adversos comunicaban a mi andar de pueblo en pueblo cierta tristeza"

 

Los pueblos misioneros con sus monumentos y ruinas jesuíticas constituyeron la segunda escala del viaje de Liber hacia el mundo de las antiguas culturas del continente americano. Dicho viaje fue continuación natural del emprendido en Santa Fé y provisionalmente interrumpido por el episodio de La Andariega. Pero fue un viaje cualitativamente más importante no sólo por el tiempo invertido en su realización -alrededor de 8 años más o menos- sino por el material acumulado en forma de:

  • Pinturas, dibujos acuarelados de motivos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos.
  • Fotografías -de gran calidad, dignas de un premio- de conjuntos arquitectónicos, esculturas y objetos.
  • Material escrito en forma de artículos de estudio que aparecieron publicados periódicamente (desde 1940 Liber empezó a enviar material a Buenos Aires a la redacción de diarios como "La Nación" y de cuyo trámite se encargaran sus hermanas).
  • Charlas y conferencias locales.
  • Y un material, no menos desdeñable, formado por sus agendas, "cuadernos de viaje" y "libros de a bordo" del período paraguayo y que cubren los años de 1940 a 1946.
  • Un material variado, iconográfico como escrito, de sumo interés por sus originales aportes, pero que aún no encontró la forma de un escrito definitivo; a la espera de la mano del historiador de arte especializado en el período misionero que lo saque a la luz pública.

Reivindicando la figura de Liber Fridman en su justo lugar: como la del artista que, en solitario, sin otra guía que su curiosidad e interés por conocer la historia, arriesgó un buen puñado de los años de su vida en rescatar un material sumido en el olvido de la selva. (Muchos elementos plásticos, escultóricos y arquitectónicos recogidos por el pintor no existen en la actualidad). Y que dicho aporte ocurrió en fecha tan temprana como la década de los cuarenta.

Los cuadernos de viaje de esta aventura con su arsenal de citas nos sirven para definir algunas de las características que asumió la experiencia paraguayo-misionera. Las notas que presiden el presente texto son un buen ejemplo. En la primera dice "todavía llego a tiempo". Dicho comentario hay que situarlo dentro de su contexto: Liber debido a su permanente estado de mala salud regresó a Buenos Aires un número superior al dieciséis (último número anotado en sus cuadernos), para recibir los cuidados de la familia. De ningún país partió y retornó tanto como del Paraguay de esa época. La expresión de Liber "muchos males, muchas andanzas" resumen ajustadamente pues estos tiempos.

"Tienes que tratar de cumplir estrictamente tu tratamiento antes de largarte a trotar mundo" -le recomienda su amigo Herib-

Tomando un mate, en su casa azunceña

Cuando la gravedad del caso o la falta de medios le impidió viajar a Buenos Aires, recibió la visita de su familia en Asunción, la de su hermana Ignacia quien, en todo momento, desempeñaría el papel de hermana-madre "Todavía llego a tiempo porque anduve retenido por otros problemas" se lee entonces en la cita, pero, al añadir "así como hubiera hecho un viajero de 1830" cobra otro significado. América todavía es terreno virgen para mis exploraciones: todavía hay cosas nuevas por descubrir, tanto al mundo como a mi mismo. Descubrir las maravillas de América. La mención de la palabra "explorador" nos pone de evidencia cual es el modelo que inspiraba a Liber. Liber se siente un explorador, como los del siglo pasado, como Humboldt, como Demersay, y desea emular sus acciones. Es el reencuentro con el sueño de niño y que tío Kive le inspirara en el hogar familiar. Por tanto, los aportes de Liber al estudio del arte misionero deben situarse en dicho contexto. Aporte a la manera del explorador romántico del siglo pasado, pero en los años cuarenta del siglo XX.

Liber descubre el estado ruinoso en el cual se encuentra el arte misionero paraguayo. Conjunto arquitectónico disperso a lo largo de una serie de pueblos a los que a veces sólo se puede acceder mediante el machete: luchando con la vegetación selvática que crece una y otra vez e imposibilita la entrada a los recintos.

Liber observa y anota que en esos pueblos dispersos, de escasa población, el castellano es un idioma extranjero y tiene preponderancia el guaraní como medio de comunicación. Pueblos tranquilos, solitarios, con una idea del tiempo totalmente distinta a la occidental, incluso a la del propio Liber: va a ser una tónica de sus viajes la dificultad para conseguir medios de transporte de un pueblo a otro. Dificultad producida no sólo por una adversa climatología, sino debido a una especie de incuria, un dejarse estar, un tomarse las cosas tal como vienen, cuando hay problemas.

"Paraguay: país que invita al descanso, pues para hacer algo uno debe tener gran voluntad"

Y frente a la prisa de Liber por ver, por anotar, por copiar, se opone "la pachorra" de los lugareños. Esos lugareños que no se interrogan por el pasado que se yergue ahí nomás, a pocos metros, sino que lo viven como sí se tratara de un presente continuo. Pues siguen asistiendo a sus iglesias -a esas iglesias antiguas, viejas reliquias-, con el culto a sus santos domésticos -Liber va a encontrar, incluso en el rancho más humilde, verdaderas piezas del arte escultórico misionero jesuítico. Como una herencia de sus antepasados indígenas que los fabricaron con sus propias manos.

Y como sus antepasados, artistas y artesanos, los pobladores actuales no lo son menos. Artesanos de elevada edad, cuyo producto es infimamente valorado por el comerciante occidental, trabajan en medio de los mayores silencios hasta que la muerte los convierta en huesos, en polvo, en nada. En el aire de esa tierra.

"Así iba estudiando el aporte indígena a las artes locales" es la segunda cita que preside este capítulo. Y, efectivamente, así procede pueblo tras pueblo: en San Cosme, Trinidad, Jesús, Apóstoles, Yaguarón, San Ignacio, Coronel Bogado, Santa Rosa, Santa María Fe, San Juan, Paraguarí, Tobati, Ibitimi, Borja, etc. Cada uno de ellos será visitado, fotografiado, sus objetos y relieves copiados; recopilado datos en el archivo histórico de la ciudad de Asunción.

 

La labor de Liber, ya en solitario, ya dirigiendo un piquete de macheteros, fue objeto de la atención pública tal como atestiguan las notas de diarios locales y de Buenos Aires. Del mismo modo, despertó el interés de la curia. Y es aquí cuando entra en escena la figura de Monseñor Bogarin: una amistad de aquel tiempo empeñada en el rescate del aporte artístico local de la colonia y que, aprovechando el impulso del artista, le encarga la labor de adquirir piezas de arte misionero. Liber busca aquí y allá y algunas veces las ruinas le ofrecen espontáneamente la oportunidad. Muchos objetos -cabezas de santos por ejemplo- aparecen dispersos en la maleza.

"Hay más de 8 santos todos ellos mutilados. ¡Ni que hubieran estado en la Revolución Francesa!"

Otras veces Liber sigue sus propias pesquisas de pueblo en pueblo pero los lugareños son muy celosos de sus reliquias y no las venden.

 

En el exterior de las ruinas de Trinidad,
rescatadas de la selva bajo su dirección, año 1941

"No hay casa aquí que no tenga por lo menos cuatro o cinco imágenes." Hay ocasiones, incluso, que a causa de los famosos objetos se ve envuelto en aventuras que estuvieron a punto de costarle la vida o que directamente lo condujeron a la cárcel.

Finalmente, el balance es bueno pese a las adversidades y Liber consigue hacerse con un número de objetos tal, de tallas y pinturas, que dispone de un material abundante para crear un museo. Y sí, lo hace. Gracias a los aportes de Liber Fridman, por un lado, y la gestión de Monseñor Bogarin por otro, el Paraguay posee desde aquella época un museo de arte misionero. Liber lo funda y es su primer director pero, así como su labor había atraído los buenos oficios de Monseñor Bogarin, del mismo modo suscitó todo tipo de envidias, de mala prensa entre los lugareños. Se había creado para ese entonces una atmósfera enrarecida y Liber entonces opta por marcharse del Paraguay. Un nuevo norte había detectado la brújula de sus sueños de andariego.

La última cita del presente bloque hace mención a la tónica de sus viajes por el interior paraguayo: climatología adversa -lluvias torrenciales que impiden continuar viaje y obligan a permanencias no deseadas en lugares aislados-, malos caminos, variopinto sistema de comunicaciones, etc. Pero, por sobre todo, andanza real, andanza de verdadera caminata. Trajín en los trenes, colectivos, carretas, caballos. Sin lugar a dudas esta fue una etapa en las andanzas de Liber que "más polvo debió mascar". Experiencias como éstas que a veces lo desanimaban. El camino no era piel de melocotón. Era entonces cuando cobraba verdadero relieve sus lecturas sobre los exploradores del siglo pasado: sobre las adversidades, dificultades sin fin que tuvieron que experimentar, para lograr el objetivo propuesto. Pero Liber, de natural emprendedor, espíritu positivo, tomaba bríos enseguida, y la recompensa de visitar personalmente aquellos testimonios del arte indígena del siglo XVII paraguayo lo retribuía de las dificultades sufridas. "Yo creo que estos viajes son de los pocos que realizaré en mi vida, a pesar que tienen sus encantos. Fatigan mucho pero creo perfectamente que los antiguos viajeros en misiones parecidas a las mías han sufrido demasiadas penurias para reunir una obra vasta y capaz de fijarla para la posteridad. Me imagino a Demersay que llevó un itinerario parecido al mío. ¡Cuantos tropiezos habrá tenido!

Un comentario de esta naturaleza hace pensar que el Liber de aquella época no tenía concentrada su atención, como en otros momentos de su vida, en el tema de la pintura. La época del Paraguay si bien aportó a su pintura los tintes locales -con la incorporación de paisajes, tipos -los característicos mitaís- fue una época de andanza, de camino, de búsqueda fundamentalmente.

Es un verdadero abanico de actividades, de intereses, (la restauración, el retrato, el estudio de una cultura antigua, la andanza, etc) que despliega Liber en esta ocasión. Abanico lo suficientemente amplio como para provocar la dispersión y consumir una energía considerable -¿sería esta una causa que subyacía a sus dolencias crónicas?-. La cuestión es que mientras el Liber de Santa Fé tiene centrado todol el interés en la pintura; por oposición, el Liber del Paraguay ofrece la imagen de un hombre de interés múltiple y que invierte un buen número de sus energías en la aventura misionera. Cabe pensar que su pintura se desarrollaba al margen, paralelamente a la experiencia de vida, y que, como en vida latente, seguía su propio curso interno. Los aportes de estos tiempos sedimentarán y brotarán en forma de nuevos frutos en épocas posteriores, pero por entonces Liber va quemando etapas. El momento de la acuñación de un estilo personal todavía quedaba lejos...

 

Rosemary

 

"Le pregunté por Rosemary y me respondió: 'La Niña' hace rato que nos dejó y se fue a la Argentina"

 

La historia amorosa de Liber en la etapa paraguaya tiene varios nombres, en algunos casos, mejor dicho, sobrenombres. Apodos como "La Porota" o "Nenuca o Nenucha" aparecen -el azar las salvó del olvido- en sus cuadernos de viajes como breves notas de amores pasajeros.

El que sí no fue pasajero fue el noviazgo que Liber llegó a formalizar, con proyecto de boda, con una joven de origen anglo-germánico, natural de la ciudad de Chelsea, Rosemary Müller, en el año 1941.En este caso no son breves notas las que nos permiten la reconstrucción de esta historia sino una correspondencia amorosa: la enviada por Rosemary a Liber en el curso del año 1941.

Lamentablemente lo que sí no poseemos es la correspondencia en sentido inverso. En este caso la memoria de Liber nos sirve para rescatar la otra mitad de la historia.

Rosemary era de profesión grabadora y colaboraba con sus trabajos en diarios de Londres. Por circunstancias que desconocemos Rosemary viaja con su madre y hermano al Paraguay con la idea de quedarse permanentemente. Al parecer el padre había muerto y su cuerpo descansaba en Chelsea. Un ancla era el distintivo del cementerio donde había sido enterrado, pues se trataba de un marino -recuerda Liber.

La familia Müller no elige como lugar de residencia la ciudad de Asunción -a la cual sin embargo se trasladan con frecuencia- sino una población cercana "Bernal-Cué-Altos". Es allí donde Liber conoce a Rosemary pero en unas circunstancias "altamente" románticas: en el contexto de una aventura hecha a la medida del espíritu aventurero y romántico de nuestro protagonista.

La conoce primero por el sobrenombre. Un día, en Asunción, un médico amigo le pregunta:

-"Y Usted, Fridman, que tanto ha viajado por el Paraguay, conoce a "La Amazona".

Y Liber ya esta intrigado por conocer a esa persona que lleva tan sugestivo nombre.

-"Vive en Bernal-Cué, -añade- con su madre y su hermano. En una casa que tiene un farol colgado en el pórtico de entrada. Es fácil de identificar, no se perderá".

Y Liber no lo piensa dos veces y monta en su caballo, pues el caballo era el mejor amigo del hombre en esos caminos polvorientos e intransitables para el vehículo rodado. En el camino una tormenta se desata, de esas que sin previo aviso azotan el Paraguay. Liber lleva cabalgando varias horas. Se cree perdido, el caballo parece llevar su propio rumbo, cuando... una luz débil, al fondo, indica cerca la presencia humana. Un farolito colgado del pórtico de una casa lo confirma de que esta sobre la pista verdadera. Liber toca la puerta y una ráfaga de luz ilumina la oscuridad reinante. Un joven empapado se presenta ante los ojos curiosos de una rubia joven y los desorbitados de una mujer, más madura, que no entienden lo imprevisto del caso. Y la mujer, la que luego se reconoce como la madre, dice:

-"Se fue un hijo, pero la lluvia me trajo otro".

Y es que Liber era ajeno al drama que había sucedido momentos antes de su llegada: el hijo de aquella mujer había abandonado el hogar por ir a la guerra. (Recordemos que el mundo en aquella época está en plena segunda guerra mundial). El hijo se había ido a pelear a favor de los alemanes. De allí el comentario de la madre -doblemente angustiada por la decisión del hijo-.

Un encuentro, como decíamos, altamente sugestivo, y que aportaría a la relación en sus inicios, esa cuota de romanticismo tan necesaria a todas las historias amorosas. La relación con Rosemary es diferente cualitativamente a la que había tenido hasta entonces Liber con otras mujeres, pues no se trata de una mujer vulgar. Rosemary Müller era una mujer culta, con conocimiento de mundo y parece ser que una grabadora de gran calidad. Leída y conocedora al menos de un par de lenguas -el inglés era su lengua natal-. Se trata, por tanto, de una mujer que está a la par que Liber. Y es precisamente esta igualdad la que en, un principio, favorece una estrecha relación. Una relación basada en la coincidencia de aficiones, de ideas e incluso de profesiones. Sin embargo, contradictoriamente, dicha igualdad es la que en última instancia hará imposible la relación. No de otro modo la propia Rosemary explica la razón de la ruptura: se trataban de dos seres con voluntades y personalidades muy formadas y que al parecer no estaban dispuestas a ceder para dar lugar a esa tercera cosa que es un proyecto común de vida. Especie de síntesis entre ambas partes. Fue Rosemary la que de hecho tomó la iniciativa rompiendo su relación con Liber.

La otra versión que Liber rescata hoy al recordar la historia hace hincapié en un aspecto, para él más determinante en la balanza de la ruptura, en este caso propiciada por él, es que en aquel entonces era un hombre romántico y como tal dice "respeté mi romanticismo". "La respeté a ella, cuando ella hubiera esperado otra respuesta de mi parte. Yo pasaba largas temporadas en Bernal-Cué y ambos salíamos a cabalgar hasta que la noche nos cubría con su manto. "La Amazona" hacía entonces verdadera gala del apodo que se había ganado entre la gente. Y ella luego me invitaba a que nos bañáramos en el río, pero yo la contemplaba desde la distancia. Yo la quería para casarnos..." "(...) Ha pasado el tiempo y un día en Harrods, en Buenos Aires, vi de lejos a la madre. Luego, cuando volví a viajar a Asunción con motivo de una muestra de mis dibujos misioneros, pregunté por ella. Me dijeron que no sabían nada. No sé si estará muerta"...

 

Adiós, Paraguay

 

"Aquí se me creará un ambiente hostil..."

"Estos son días de desgracia para mi voluntad, -quería dejarlo anotado"

"Un no sé qué me obliga a andar..."

"Dentro de muy breve plazo iniciaré mi tan soñado deseo de pintar en ese maravilloso país que es el Brasil"...

 

Estas son expresiones lo suficientemente aclaradoras para explicar porqué en el año 1945 Liber abandona definitivamente Paraguay (aunque en el año 1946 Liber retornará por circunstancias imprevistas y aprovecha para hacer una muestra en la Casa Argentina del Paraguay; en 1945 Liber había realizado su primer viaje a Brasil).

Gradualmente se le han ido cerrando las puertas en aquel país ("un ambiente hostil"): sus iniciativas de organización de los aportes locales no fueron miradas con buenos ojos por el paraguayo nacionalista, como ya dijimos. Por otro lado, esa sobredosis de energía que parece exigir el clima paraguayo vence a veces su voluntad (de común inquebrantable). Y, más que eso, no hay daño mayor para él que la inactividad en la que muchas veces estaba sumido el país y que lo obliga a cruzarse de manos, cuando éstas lo que le demandaban era acción. Deseos de hacer, de ver otras cosas, de volar. Y en el horizonte, el país verde por antonomasia del continente, se le ofrece como el señuelo de su próxima andanza.

 

 

 

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Pueblos misioneros

 

"Todavía llego a tiempo, así como hubiera hecho un viajero de 1830"

"Así iba estudiando el aporte indígena de las artes locales"

"Estos días adversos comunicaban a mi andar de pueblo en pueblo cierta tristeza"

 

Los pueblos misioneros con sus monumentos y ruinas jesuíticas constituyeron la segunda escala del viaje de Liber hacia el mundo de las antiguas culturas del continente americano. Dicho viaje fue continuación natural del emprendido en Santa Fé y provisionalmente interrumpido por el episodio de La Andariega. Pero fue un viaje cualitativamente más importante no sólo por el tiempo invertido en su realización -alrededor de 8 años más o menos- sino por el material acumulado en forma de:

  • Pinturas, dibujos acuarelados de motivos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos.
  • Fotografías -de gran calidad, dignas de un premio- de conjuntos arquitectónicos, esculturas y objetos.
  • Material escrito en forma de artículos de estudio que aparecieron publicados periódicamente (desde 1940 Liber empezó a enviar material a Buenos Aires a la redacción de diarios como "La Nación" y de cuyo trámite se encargaran sus hermanas).
  • Charlas y conferencias locales.
  • Y un material, no menos desdeñable, formado por sus agendas, "cuadernos de viaje" y "libros de a bordo" del período paraguayo y que cubren los años de 1940 a 1946.
  • Un material variado, iconográfico como escrito, de sumo interés por sus originales aportes, pero que aún no encontró la forma de un escrito definitivo; a la espera de la mano del historiador de arte especializado en el período misionero que lo saque a la luz pública.

Reivindicando la figura de Liber Fridman en su justo lugar: como la del artista que, en solitario, sin otra guía que su curiosidad e interés por conocer la historia, arriesgó un buen puñado de los años de su vida en rescatar un material sumido en el olvido de la selva. (Muchos elementos plásticos, escultóricos y arquitectónicos recogidos por el pintor no existen en la actualidad). Y que dicho aporte ocurrió en fecha tan temprana como la década de los cuarenta.

Los cuadernos de viaje de esta aventura con su arsenal de citas nos sirven para definir algunas de las características que asumió la experiencia paraguayo-misionera. Las notas que presiden el presente texto son un buen ejemplo. En la primera dice "todavía llego a tiempo". Dicho comentario hay que situarlo dentro de su contexto: Liber debido a su permanente estado de mala salud regresó a Buenos Aires un número superior al dieciséis (último número anotado en sus cuadernos), para recibir los cuidados de la familia. De ningún país partió y retornó tanto como del Paraguay de esa época. La expresión de Liber "muchos males, muchas andanzas" resumen ajustadamente pues estos tiempos.

"Tienes que tratar de cumplir estrictamente tu tratamiento antes de largarte a trotar mundo" -le recomienda su amigo Herib-

Tomando un mate, en su casa azunceña

Cuando la gravedad del caso o la falta de medios le impidió viajar a Buenos Aires, recibió la visita de su familia en Asunción, la de su hermana Ignacia quien, en todo momento, desempeñaría el papel de hermana-madre "Todavía llego a tiempo porque anduve retenido por otros problemas" se lee entonces en la cita, pero, al añadir "así como hubiera hecho un viajero de 1830" cobra otro significado. América todavía es terreno virgen para mis exploraciones: todavía hay cosas nuevas por descubrir, tanto al mundo como a mi mismo. Descubrir las maravillas de América. La mención de la palabra "explorador" nos pone de evidencia cual es el modelo que inspiraba a Liber. Liber se siente un explorador, como los del siglo pasado, como Humboldt, como Demersay, y desea emular sus acciones. Es el reencuentro con el sueño de niño y que tío Kive le inspirara en el hogar familiar. Por tanto, los aportes de Liber al estudio del arte misionero deben situarse en dicho contexto. Aporte a la manera del explorador romántico del siglo pasado, pero en los años cuarenta del siglo XX.

Liber descubre el estado ruinoso en el cual se encuentra el arte misionero paraguayo. Conjunto arquitectónico disperso a lo largo de una serie de pueblos a los que a veces sólo se puede acceder mediante el machete: luchando con la vegetación selvática que crece una y otra vez e imposibilita la entrada a los recintos.

Liber observa y anota que en esos pueblos dispersos, de escasa población, el castellano es un idioma extranjero y tiene preponderancia el guaraní como medio de comunicación. Pueblos tranquilos, solitarios, con una idea del tiempo totalmente distinta a la occidental, incluso a la del propio Liber: va a ser una tónica de sus viajes la dificultad para conseguir medios de transporte de un pueblo a otro. Dificultad producida no sólo por una adversa climatología, sino debido a una especie de incuria, un dejarse estar, un tomarse las cosas tal como vienen, cuando hay problemas.

"Paraguay: país que invita al descanso, pues para hacer algo uno debe tener gran voluntad"

Y frente a la prisa de Liber por ver, por anotar, por copiar, se opone "la pachorra" de los lugareños. Esos lugareños que no se interrogan por el pasado que se yergue ahí nomás, a pocos metros, sino que lo viven como sí se tratara de un presente continuo. Pues siguen asistiendo a sus iglesias -a esas iglesias antiguas, viejas reliquias-, con el culto a sus santos domésticos -Liber va a encontrar, incluso en el rancho más humilde, verdaderas piezas del arte escultórico misionero jesuítico. Como una herencia de sus antepasados indígenas que los fabricaron con sus propias manos.

Y como sus antepasados, artistas y artesanos, los pobladores actuales no lo son menos. Artesanos de elevada edad, cuyo producto es infimamente valorado por el comerciante occidental, trabajan en medio de los mayores silencios hasta que la muerte los convierta en huesos, en polvo, en nada. En el aire de esa tierra.

"Así iba estudiando el aporte indígena a las artes locales" es la segunda cita que preside este capítulo. Y, efectivamente, así procede pueblo tras pueblo: en San Cosme, Trinidad, Jesús, Apóstoles, Yaguarón, San Ignacio, Coronel Bogado, Santa Rosa, Santa María Fe, San Juan, Paraguarí, Tobati, Ibitimi, Borja, etc. Cada uno de ellos será visitado, fotografiado, sus objetos y relieves copiados; recopilado datos en el archivo histórico de la ciudad de Asunción.

 

La labor de Liber, ya en solitario, ya dirigiendo un piquete de macheteros, fue objeto de la atención pública tal como atestiguan las notas de diarios locales y de Buenos Aires. Del mismo modo, despertó el interés de la curia. Y es aquí cuando entra en escena la figura de Monseñor Bogarin: una amistad de aquel tiempo empeñada en el rescate del aporte artístico local de la colonia y que, aprovechando el impulso del artista, le encarga la labor de adquirir piezas de arte misionero. Liber busca aquí y allá y algunas veces las ruinas le ofrecen espontáneamente la oportunidad. Muchos objetos -cabezas de santos por ejemplo- aparecen dispersos en la maleza.

"Hay más de 8 santos todos ellos mutilados. ¡Ni que hubieran estado en la Revolución Francesa!"

Otras veces Liber sigue sus propias pesquisas de pueblo en pueblo pero los lugareños son muy celosos de sus reliquias y no las venden.

 

En el exterior de las ruinas de Trinidad,
rescatadas de la selva bajo su dirección, año 1941

"No hay casa aquí que no tenga por lo menos cuatro o cinco imágenes." Hay ocasiones, incluso, que a causa de los famosos objetos se ve envuelto en aventuras que estuvieron a punto de costarle la vida o que directamente lo condujeron a la cárcel.

Finalmente, el balance es bueno pese a las adversidades y Liber consigue hacerse con un número de objetos tal, de tallas y pinturas, que dispone de un material abundante para crear un museo. Y sí, lo hace. Gracias a los aportes de Liber Fridman, por un lado, y la gestión de Monseñor Bogarin por otro, el Paraguay posee desde aquella época un museo de arte misionero. Liber lo funda y es su primer director pero, así como su labor había atraído los buenos oficios de Monseñor Bogarin, del mismo modo suscitó todo tipo de envidias, de mala prensa entre los lugareños. Se había creado para ese entonces una atmósfera enrarecida y Liber entonces opta por marcharse del Paraguay. Un nuevo norte había detectado la brújula de sus sueños de andariego.

La última cita del presente bloque hace mención a la tónica de sus viajes por el interior paraguayo: climatología adversa -lluvias torrenciales que impiden continuar viaje y obligan a permanencias no deseadas en lugares aislados-, malos caminos, variopinto sistema de comunicaciones, etc. Pero, por sobre todo, andanza real, andanza de verdadera caminata. Trajín en los trenes, colectivos, carretas, caballos. Sin lugar a dudas esta fue una etapa en las andanzas de Liber que "más polvo debió mascar". Experiencias como éstas que a veces lo desanimaban. El camino no era piel de melocotón. Era entonces cuando cobraba verdadero relieve sus lecturas sobre los exploradores del siglo pasado: sobre las adversidades, dificultades sin fin que tuvieron que experimentar, para lograr el objetivo propuesto. Pero Liber, de natural emprendedor, espíritu positivo, tomaba bríos enseguida, y la recompensa de visitar personalmente aquellos testimonios del arte indígena del siglo XVII paraguayo lo retribuía de las dificultades sufridas. "Yo creo que estos viajes son de los pocos que realizaré en mi vida, a pesar que tienen sus encantos. Fatigan mucho pero creo perfectamente que los antiguos viajeros en misiones parecidas a las mías han sufrido demasiadas penurias para reunir una obra vasta y capaz de fijarla para la posteridad. Me imagino a Demersay que llevó un itinerario parecido al mío. ¡Cuantos tropiezos habrá tenido!

Un comentario de esta naturaleza hace pensar que el Liber de aquella época no tenía concentrada su atención, como en otros momentos de su vida, en el tema de la pintura. La época del Paraguay si bien aportó a su pintura los tintes locales -con la incorporación de paisajes, tipos -los característicos mitaís- fue una época de andanza, de camino, de búsqueda fundamentalmente.

Es un verdadero abanico de actividades, de intereses, (la restauración, el retrato, el estudio de una cultura antigua, la andanza, etc) que despliega Liber en esta ocasión. Abanico lo suficientemente amplio como para provocar la dispersión y consumir una energía considerable -¿sería esta una causa que subyacía a sus dolencias crónicas?-. La cuestión es que mientras el Liber de Santa Fé tiene centrado todol el interés en la pintura; por oposición, el Liber del Paraguay ofrece la imagen de un hombre de interés múltiple y que invierte un buen número de sus energías en la aventura misionera. Cabe pensar que su pintura se desarrollaba al margen, paralelamente a la experiencia de vida, y que, como en vida latente, seguía su propio curso interno. Los aportes de estos tiempos sedimentarán y brotarán en forma de nuevos frutos en épocas posteriores, pero por entonces Liber va quemando etapas. El momento de la acuñación de un estilo personal todavía quedaba lejos...

 

Rosemary

 

"Le pregunté por Rosemary y me respondió: 'La Niña' hace rato que nos dejó y se fue a la Argentina"

 

La historia amorosa de Liber en la etapa paraguaya tiene varios nombres, en algunos casos, mejor dicho, sobrenombres. Apodos como "La Porota" o "Nenuca o Nenucha" aparecen -el azar las salvó del olvido- en sus cuadernos de viajes como breves notas de amores pasajeros.

El que sí no fue pasajero fue el noviazgo que Liber llegó a formalizar, con proyecto de boda, con una joven de origen anglo-germánico, natural de la ciudad de Chelsea, Rosemary Müller, en el año 1941.En este caso no son breves notas las que nos permiten la reconstrucción de esta historia sino una correspondencia amorosa: la enviada por Rosemary a Liber en el curso del año 1941.

Lamentablemente lo que sí no poseemos es la correspondencia en sentido inverso. En este caso la memoria de Liber nos sirve para rescatar la otra mitad de la historia.

Rosemary era de profesión grabadora y colaboraba con sus trabajos en diarios de Londres. Por circunstancias que desconocemos Rosemary viaja con su madre y hermano al Paraguay con la idea de quedarse permanentemente. Al parecer el padre había muerto y su cuerpo descansaba en Chelsea. Un ancla era el distintivo del cementerio donde había sido enterrado, pues se trataba de un marino -recuerda Liber.

La familia Müller no elige como lugar de residencia la ciudad de Asunción -a la cual sin embargo se trasladan con frecuencia- sino una población cercana "Bernal-Cué-Altos". Es allí donde Liber conoce a Rosemary pero en unas circunstancias "altamente" románticas: en el contexto de una aventura hecha a la medida del espíritu aventurero y romántico de nuestro protagonista.

La conoce primero por el sobrenombre. Un día, en Asunción, un médico amigo le pregunta:

-"Y Usted, Fridman, que tanto ha viajado por el Paraguay, conoce a "La Amazona".

Y Liber ya esta intrigado por conocer a esa persona que lleva tan sugestivo nombre.

-"Vive en Bernal-Cué, -añade- con su madre y su hermano. En una casa que tiene un farol colgado en el pórtico de entrada. Es fácil de identificar, no se perderá".

Y Liber no lo piensa dos veces y monta en su caballo, pues el caballo era el mejor amigo del hombre en esos caminos polvorientos e intransitables para el vehículo rodado. En el camino una tormenta se desata, de esas que sin previo aviso azotan el Paraguay. Liber lleva cabalgando varias horas. Se cree perdido, el caballo parece llevar su propio rumbo, cuando... una luz débil, al fondo, indica cerca la presencia humana. Un farolito colgado del pórtico de una casa lo confirma de que esta sobre la pista verdadera. Liber toca la puerta y una ráfaga de luz ilumina la oscuridad reinante. Un joven empapado se presenta ante los ojos curiosos de una rubia joven y los desorbitados de una mujer, más madura, que no entienden lo imprevisto del caso. Y la mujer, la que luego se reconoce como la madre, dice:

-"Se fue un hijo, pero la lluvia me trajo otro".

Y es que Liber era ajeno al drama que había sucedido momentos antes de su llegada: el hijo de aquella mujer había abandonado el hogar por ir a la guerra. (Recordemos que el mundo en aquella época está en plena segunda guerra mundial). El hijo se había ido a pelear a favor de los alemanes. De allí el comentario de la madre -doblemente angustiada por la decisión del hijo-.

Un encuentro, como decíamos, altamente sugestivo, y que aportaría a la relación en sus inicios, esa cuota de romanticismo tan necesaria a todas las historias amorosas. La relación con Rosemary es diferente cualitativamente a la que había tenido hasta entonces Liber con otras mujeres, pues no se trata de una mujer vulgar. Rosemary Müller era una mujer culta, con conocimiento de mundo y parece ser que una grabadora de gran calidad. Leída y conocedora al menos de un par de lenguas -el inglés era su lengua natal-. Se trata, por tanto, de una mujer que está a la par que Liber. Y es precisamente esta igualdad la que en, un principio, favorece una estrecha relación. Una relación basada en la coincidencia de aficiones, de ideas e incluso de profesiones. Sin embargo, contradictoriamente, dicha igualdad es la que en última instancia hará imposible la relación. No de otro modo la propia Rosemary explica la razón de la ruptura: se trataban de dos seres con voluntades y personalidades muy formadas y que al parecer no estaban dispuestas a ceder para dar lugar a esa tercera cosa que es un proyecto común de vida. Especie de síntesis entre ambas partes. Fue Rosemary la que de hecho tomó la iniciativa rompiendo su relación con Liber.

La otra versión que Liber rescata hoy al recordar la historia hace hincapié en un aspecto, para él más determinante en la balanza de la ruptura, en este caso propiciada por él, es que en aquel entonces era un hombre romántico y como tal dice "respeté mi romanticismo". "La respeté a ella, cuando ella hubiera esperado otra respuesta de mi parte. Yo pasaba largas temporadas en Bernal-Cué y ambos salíamos a cabalgar hasta que la noche nos cubría con su manto. "La Amazona" hacía entonces verdadera gala del apodo que se había ganado entre la gente. Y ella luego me invitaba a que nos bañáramos en el río, pero yo la contemplaba desde la distancia. Yo la quería para casarnos..." "(...) Ha pasado el tiempo y un día en Harrods, en Buenos Aires, vi de lejos a la madre. Luego, cuando volví a viajar a Asunción con motivo de una muestra de mis dibujos misioneros, pregunté por ella. Me dijeron que no sabían nada. No sé si estará muerta"...

 

Adiós, Paraguay

 

"Aquí se me creará un ambiente hostil..."

"Estos son días de desgracia para mi voluntad, -quería dejarlo anotado"

"Un no sé qué me obliga a andar..."

"Dentro de muy breve plazo iniciaré mi tan soñado deseo de pintar en ese maravilloso país que es el Brasil"...

 

Estas son expresiones lo suficientemente aclaradoras para explicar porqué en el año 1945 Liber abandona definitivamente Paraguay (aunque en el año 1946 Liber retornará por circunstancias imprevistas y aprovecha para hacer una muestra en la Casa Argentina del Paraguay; en 1945 Liber había realizado su primer viaje a Brasil).

Gradualmente se le han ido cerrando las puertas en aquel país ("un ambiente hostil"): sus iniciativas de organización de los aportes locales no fueron miradas con buenos ojos por el paraguayo nacionalista, como ya dijimos. Por otro lado, esa sobredosis de energía que parece exigir el clima paraguayo vence a veces su voluntad (de común inquebrantable). Y, más que eso, no hay daño mayor para él que la inactividad en la que muchas veces estaba sumido el país y que lo obliga a cruzarse de manos, cuando éstas lo que le demandaban era acción. Deseos de hacer, de ver otras cosas, de volar. Y en el horizonte, el país verde por antonomasia del continente, se le ofrece como el señuelo de su próxima andanza.

 

 

 

 

 

 

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