La historia
de Liber en relación con "La Andariega" -nombre de la carreta
que lleva a títeres y titiriteros bajo la guía de Don Javier Villafañe,
titiritero mayor- se inicia un tiempo después del encuentro de
Liber con Furt en Luján.
Insistimos
por tanto en la importancia de Luján como punto de encuentro de
una generación de amigos, pintores y escritores, burgueses como
bohemios. Punto de encuentro y de partida y cuyos integrantes
recordaran siempre con nostalgia. Como una especie de época dorada.
Con nostalgia y con orgullo.
"Me regocija
saber que argentinos, lujaneros, artistas y viejísimos amigos
anden sembrando afectos y buen arte por toda América"
De Luján partirían:
Liber Fridman, pintor octogenario hoy, aventurero lanzado a los
caminos del mundo, restaurador, estudioso de culturas antiguas,
con originales aportes al estudio de la arquitectura misionera
jesuítica y franciscana. Javier Villafañe, titiritero incansable,
tocayo de Liber, Premio Nacional de Literatura argentina. Jorge
Furt: alma mater de la biblioteca de "Los Talas": lugar de consulta
de filólogos de todo el mundo. Bibliófilo, editor y escritor de
libros, por mencionar sólo a unos cuantos. Los más próximos a
nuestra síntesis.
La Andariega
tiene, como su nombre indica, vocación de caminante. La idea es
recorrer América: haciendo títeres en sus ciudades y pueblos.
El encuentro con Liber Fridman no es casual sino causal. La respuesta
es evidente: los caminantes se encuentran naturalmente en el camino.
La Andariega
sigue un trayecto caprichoso. No es en absoluto ordenada, no sigue
un plan trazado. La Andariega va a los pueblos que sus caballos
eligen y éstos, a decir de Javier, nunca se equivocaron. "Nuestros
destinos estaban en sus manos, siempre eligieron la mejor ruta.
Nunca teníamos duda de ello". Esta filosofía de la vida habla
de la importancia del azar, del dejarse llevar en el camino. De
no buscar las cosas, sino que las cosas salgan al encuentro naturalmente.
La Andariega
tuvo un recorrido -aún por reconstruir de modo exhaustivo- en
la época en que Liber formó parte de ella (1936-38) por ciudades
y pueblos de la provincia de Buenos Aires (Luján), provincias
argentinas (Entre Ríos, Corrientes, Misiones), Paraguay y Brasil.
Tuvo sus idas y venidas. En el caso de Liber, debido a su mala
salud, el reuma fundamentalmente que lo obligó a retornar al hogar
familiar en varias ocasiones, anduvo y desanduvo caprichosamente
con los andariegos.
En la época
en que La Andariega deambulaba y pernoctaba por Luján y Buenos
Aires no sólo Liber sino también sus hermanas, compañeras inseparables
del hermano tanto en la distancia como en la cercanía, así como
Florcita, la futura poetisa de la familia, formaban parte de la
troupe de titiriteros. Todos colaborando, desempeñando diversas
tareas en esa labor común que era la función para los niños. Tan
estrecho fue el vínculo que Javier, propulsor del grupo, se convirtió
en un hermano más del clan de los Fridman, y como enamoradizo
incorregible que era, anduvo enamorado de una de "sus hermanas".
Con su peculiar sentido del humor lo recuerda del siguiente modo:
"A Isabelita
(Isabel es la hermana pequeña de Liber) de quien estuve enamorado
casi tres semanas sin contar los domingos"
Los andariegos
fabricaban sus propios títeres, telones y escenarios. Javier,
además de titiritero, escribía cuentos y teatro para títeres y
recopilaba historias contadas por los infantes así como sus dibujos
-aquellos que luego ilustrarían sus cuentos. Liber colaboraba
como los demás en la realización de las funciones, pues de los
títeres vivían. Pero, su tarea fundamental, era la de pintar.
Los niños y los títeres, además de sus viejos amigos los paisajes,
son sus temas. Tal como atestiguan sus cuadernos de viajes y catálogos
de muestras de la época.
No sólo de
títeres viven estos hombres y el camino está salpicado de aventuras
de todo tipo donde la picaresca y el "doñerío" desempeñan el papel
predominante.
La picaresca
entra en funcionamiento cuando "no hay carne que echar al puchero".
Era cuando los titiriteros ponían a remojar las lentejas: verdadera
señal de alarma. De que las cosas estaban al rojo vivo y había
que inventar alguna estrategia nueva para "llevar algo al cuerpo",
ya que con los títeres sólo no se llegaba "a fin de mes". El remojo
de las lentejas, señal de alarma, era también símbolo de buen
augurio, pues cuando todo parecía venirse a pique, siempre surgía
algo en el camino: algo para echar en el puchero y las cosas seguían
con renovada marcha.
El "doñerío",
sustantivo acuñado por estos muchachos en aquel tiempo, alude
a sus conquistas amorosas. A las conquistas de Liber y Javier
especialmente: donjuanes de los caminos de entonces. Una especie
muy de temer. Se cuenta que los dos en esa época eran muy parecidos,
tanto que se hacían pasar por hermanos. Ambos muy buenos mozos,
"pintones" -a decir de Liber- cuya buena presencia unida a una
charla fluida y envolvente, cautivaba a las muchachas. Perdón,
a las doñas. El término "doñerío" lleva implícita la idea de aventura,
flirt ocasional, aunque algunas veces, sobre todo en el caso de
Javier, más dado al casamiento, las doñas lo llevarán con frecuencia
al altar. Esto explicaría que de tanto en tanto una doña casadera
se interpusiera entre La Andariega y Liber y que los amigos siguieran
sus propios caminos.
Este
capítulo nos sirve, asimismo, para introducir el tema de
lo amoroso en la vida de Liber: tan temprano y generoso
en su vida como su pintura. Historia de muchos capítulos
que solo se cerraría con el encuentro del verdadero amor
-término totalmente opuesto a este del doñerío- y que abriría
el nuevo capítulo del Liber esposo, padre de familia y señor
de su casa. Pero, hasta que esto ocurrió pasaron muchas
cosas en el camino. De esas historias, algo hablaremos a
lo largo de esta síntesis. Hago constancia, sin embargo,
de lo interesante que resultaría realizar una investigación
a fondo de dicho capít'o de su vida. Sólo identificar al
elevado número de nombres de mujeres que salpican las hojas
de sus agendas y cuadernos de viajes, sus fotos, e indagar
en sus historias, daría para escribir una picante biografía
amorosa de nuestro aventurero pintor; permitiéndonos trazar
por otra un retrato de la mujer de aquel tiempo.
Es cierto
que el tipo de hombre conquistador lo es en cualquier época
y bajo cualquier circunstancia, pero hago constar el dato,
como el propio Liber señalara en su correspondencia con
la familia, lo desprovisto de hombres que estaban países
como el Paraguay y Brasil de su época, por causas diferentes. |

Javier
y Liber con sus títeres
durante una función en el Círculo Italiano,
Santa Fé, 25 de noviembre de 1938
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"En estos
días me doy regios paseos y baños en los igarapes u arroyos de
agua fría con tintes marrones... Aquí vivimos rodeados de verde
selva, por eso, hermanitas, uno se ata a esos cipos o colgaderas
y parece preso de tanta grandiosidad. Otra causa son las muchachas,
la libertad auténtica que se tiene y se puede hablar de quien
se te ocurra, sin por eso causar desacatos a ningún presidente...
Hoy mismo, a mediodía, el jefe de policía me trajo con su auto
a mi pensión, y me decía como hacía yo para que las mozas me dieran
tantas atenciones. No es cosa por la cual haya que preocuparse,
le dije, aquí hay siete muchachas para cada hombre pero, como
algunos no aprovechan todas, soy yo el que llevo el mejor bocado".
"Se imaginan
una ciudad metida en la selva que a las seis de la tarde el cenit
marca en pocos minutos una noche cerrada, excepto cuando hay luna.
Entonces, en los barrios de Flores, las piletas naturales se tornan
paraísos y mientras el aire caliente y parado se torna irrespirable,
el agua del igarape bajando de la sierra cruza velozmente, acariciando
los cuerpos de las morenas que quieren luna y amor. Y así, la
vida pasa, hermanitas, y mi historia se va atando a otras más."
Lo que el
jefe de policía no pareció percatarse -de ello se encargaban las
doñas"- fue del atractivo del pintor, tal como atestiguan las
fotos de época, tal como se había percatado el propio Liber, ya
a través de la serie de autorretratos que realizó sobre su persona
a lo largo del tiempo, ya a través de sus escritos:
"Y era una
doña ¡de hermosa como un sol! Y vio a un pintor de ojos
azules, alto" Nos fuimos un poco lejos de La Andariega, pero,
como ella, seguimos nuestro propio ritmo, caprichoso. En suma:
Liber y Javier no sólo fueron titiriteros, caminantes, sino conquistadores
natos de "doñas"... Día llegó, como todo, en que la aventura de
La Andariega se terminó. Primero para Liber, después para Javier.
Liber optó por seguir su propio camino: un camino que debía transitar
en soledad. Furt, que conocía a ambos amigos, al conocer el episodio
de La Andariega, en fecha tan temprana como 1937 ya le había escrito
a Liber aconsejándolo severamente que siguiera su propia brújula
y enjuiciándolo tanto a él como a Javier en los siguientes términos:
"No le haga
caso a Villafañe. Todo eso es una exteriorización de disparate
con la que él cree tapar esa desorientación, ese no saber qué
hacer, que a veces tiene. Claro que por otro lado no son Ustedes
para ser amigos. Usted es caprichoso, voluntarioso, un poco niño
mimado. Javier es lleno de contradicciones y acostumbrado - y
me parece muy bien- a querer hacer lo que se le antoje. En fuerza
deben chocar. Para vivir -si eso es posible- cómodamente juntos
es indispensable deshacerse en absoluto cada uno de lo que haga
el otro. Porque nunca Ustedes podrían hacer cosas parecidas. Y
otra cosa: la convivencia con alguien va bien o va mal, pero nunca
depende de cada uno. Contra toda la buena voluntad de cada uno,
se pelean. Y es natural. Cada uno se hace su vida a su modo. Y
cada uno cree que la hace bien. Además -y esto es punto final
-no hay nunca que identificar al hombre -artista (escritor, pintor,
músico,) con el hombre-hombre. Muchas veces, el noventa y cinco
por ciento, no tiene nada de parecido el uno con el otro. Y aún
más, le confieso esto: mejor es que ante una obra linda no piense
en querer interiorizarse de su autor. Puede serle un desengaño
inútil. Y créame que no es este el caso de Villafañe, a quien
no creo malo y a quien prefiero estimar".
Esta carta,
al parecer, debió ser respuesta de una carta de ida de Liber que
no poseemos en la cual el pintor debió plantearle a Don Jorge
algún tipo de roce con Javier y Don Jorge le manifestó ampliamente
su opinión. Liber y Javier eran dos personalidades fuertes y con
un concepto propio de la libertad personal. Esta es la razón por
la cual en un momento dado debían separarse. Pero, separarse,
ante todo, porque a dicha personalidad unían un talento artístico
que desarrollar en soledad o con la compañía de seres que los
siguieran incondicionalmente, tanto en la amistad como en el amor.
La carta pertenece a una fecha tan temprana como 1937, pero hasta
mediados de los años cuarenta no ocurre la verdadera separación.
La Andariega fue en definitiva el momento del encuentro, de la
semilla de una amistad que aún hoy continua a través del tiempo
y de la distancia. Pertenece a la épica personal de Liber y Javier:
a esos años gloriosos en que una carreta era guiada por el olfato
de un par de yeguas y el sueño loco de unos artistas bohemios
que llevaron alegría a los niños del continente. En este sentido
Don Jorge, posiblemente agudo, pero severo y quizá celoso de la
amistad de ambos jóvenes, se equivocó. Pues a ambos dos, Liber
los recuerda siempre y son parte del bagaje de su personal camino.
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Una foto de
época ilustra el dato y nos ofrece la visión de un joven, con
aspecto de salud quebrantada, delgado, correctamente peinado,
vestido con la camisa típica del pintor: ancha, corta y con lazo.
En esa casa
que Liber había alquilado para vivir durante su estancia paraguaya,
la cual duró, con intermitencias (idas y vueltas a Luján y Buenos
Aires y otros viajes esporádicos con Javier Villafañe) del año
1938 al 1946, tenía su "atelier" -según la característica expresión
afrancesada que se usa en la Argentina para designar al taller
del artista plástico-. Allí pintaba retratos y autorretratos (tan
característicos de esta etapa como aquellos), completaba sus paisajes
del natural y restauraba. Era su base de operaciones: el punto
de referencia de una estancia cuya característica principal será
la andanza por el interior del país.
A aquella
casa acudían, como no podía faltar, no sólo clientes y modelos
para sus retratos, sino también los amigos. A esa época es que
pertenece la alegre "barra de muchachos" paraguayos así como otros
amigos nacidos en la aventura de La Andariega. Están, esporádicamente,
Javier, y como aportes nuevos: el escritor Roa Bastos, el poeta
Herib Campos Cervera, entre otros. Pero también amigos pertenecientes
a la curia con la cual Liber se relacionara inmediatamente por
razones de trabajo: me refiero a Monseñor Bogarin. [Ver la página
dedicada a "Vy'a Raity", "la casa de la dicha"
del site "La Jiribilla"]
La amistad
más estrecha, de verdadera camaradería, se dio especialmente con
Herib Campos Cervera y, tan es así, que el hijo varón de Liber
recibirá, en recuerdo del malogrado amigo, como segundo nombre,
Herib. Entre ellos se darán mutuo trato de pajaritos: tal como
consta en la breve y dispersa correspondencia que ambos tuvieron.
Herib era "el pajarito con barba" y es de suponer que Liber fuera
el pajarito con pajarita (la pajarita de la camisa de pintor).
Se trata por tanto de una relación donde la ternura es el elemento
destacable. Y, realmente, el nombre de pajaritos les calza a la
perfección dada la condición errabunda de ambos.
Herib,
poeta, tenía como oficio la agrimensura y debía viajar con
frecuencia al interior de Argentina por cuestiones de trabajo.
En cuanto a Liber, espíritu errabundo por naturaleza, cualquier
motivo de interés humanístico era suficiente para movilizarlo...
La cuestión es que aquella casita que durante algunas épocas
estaba de lo más concurrida, lugar de "farra" por excelencia
de aquellos muchachos, pasaba por períodos de absoluto silencio,
comunicando a su entorno una gran pena. "Por la casita todo
marcha silenciosamente, completamente huérfana de doñas
y caseína"
Finalmente,
con el tiempo, la casita fue cerrada pues cada uno de los
amigos siguió su camino como era de esperar, para construir
su propio estilo de vida. No obstante, el recuerdo guardó
los días aquellos en el corazón y la memoria, si bien algunas
veces estuvo matizado por el reencuentro o el arribo de
alguna noticia fresca. |

Liber,
Campos Cervera
[y otro amigo, por identificar]
en la puerta de la "Casa de la dicha",
hogar de Liber |
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Liber tuvo,
años después, estando en el Brasil noticia sobre Herib, pero fueron
tristes noticias: el "pajarito" había muerto.
..."y
nada desfallece en el ámbito de tus noches enteras porque estás
en el límite de un país invisible"
Herib
Campos Cervera
(Texto
extraído de "Yo, de allí: Una biografía
de Liber Fridman";
Pilar Vigil Cartagena; Ediciones del Sol; Buenos Aires, 1994) |