LIBER FRIDMAN ...por los caminos de américa

paraguay (I)

 

La Andariega (1936-1938)

"Haremos un viaje maravilloso.
Llevaremos la exposición de pinturas de niños argentinos,
títeres y mucha simpatía y un par de úlceras que bien se entienden"

Javier Villafañe

En el camino un día el joven Liber decide armar su caballete: hay un tema, allá a lo lejos, que le pide "a gritos" ¡píntame! El joven, ciego, obedece. El día es hermoso: un brote tierno de la primavera. Liber pinta al aire libre, como los pintores de finales de siglo, como los impresionistas. Está en un momento de su vida en que la lucha con la pintura se centra en captar el paisaje natural.

El joven está ensimismado. No se da cuenta de que alguién lo observa. Una curiosa carreta tirada por un par de caballos lleva detenida un buen rato. Un pequeño público formado por hombres y caballos observa la escena que se desarrolla en el lienzo. ¡Que quede claro: los que se han detenido son los caballos, verdaderos guías de los caminos de estos hombres! Los caballos y detrás los hombres, Javier y un amigo, del que sólo sabemos el nombre, Pedro Ramos. El relincho, ahora sí, del caballo, que parece aprobar o desaprobar, no sabemos, una pincelada, hace volver al joven del ensimismamiento. Y los curiosos hacen la pregunta del caso:

"¿Es usted pintor?" -pero, y aquí viene lo nuevo, añaden: "¿Le gustaría venir con nosotros?. ¡Vamos a los Estados Unidos!."

Y entonces el pintor parece tomar cuenta de que algo nuevo le está sucediendo. El camino le oferta una nueva aventura. El pintor dice que sí y un nuevo amigo se incorpora al extraño elenco.

-"¡Somos titiriteros! -le dicen-. Recorremos las tierras de América ofreciendo el espectáculo de nuestros títeres a los niños. ¿Te gustaría hacer títeres? Tu puedes pintar nuestros escenarios".

Y la aventura cobra forma: la forma de un bello sueño para niños traviesos...

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Programa de las funciones realizadas por la compañía de "La andariega"
en el cine San Martín de Concordia, Entre Ríos, en junio de 1937

La historia de Liber en relación con "La Andariega" -nombre de la carreta que lleva a títeres y titiriteros bajo la guía de Don Javier Villafañe, titiritero mayor- se inicia un tiempo después del encuentro de Liber con Furt en Luján.

Insistimos por tanto en la importancia de Luján como punto de encuentro de una generación de amigos, pintores y escritores, burgueses como bohemios. Punto de encuentro y de partida y cuyos integrantes recordaran siempre con nostalgia. Como una especie de época dorada. Con nostalgia y con orgullo.

"Me regocija saber que argentinos, lujaneros, artistas y viejísimos amigos anden sembrando afectos y buen arte por toda América"

De Luján partirían: Liber Fridman, pintor octogenario hoy, aventurero lanzado a los caminos del mundo, restaurador, estudioso de culturas antiguas, con originales aportes al estudio de la arquitectura misionera jesuítica y franciscana. Javier Villafañe, titiritero incansable, tocayo de Liber, Premio Nacional de Literatura argentina. Jorge Furt: alma mater de la biblioteca de "Los Talas": lugar de consulta de filólogos de todo el mundo. Bibliófilo, editor y escritor de libros, por mencionar sólo a unos cuantos. Los más próximos a nuestra síntesis.

La Andariega tiene, como su nombre indica, vocación de caminante. La idea es recorrer América: haciendo títeres en sus ciudades y pueblos. El encuentro con Liber Fridman no es casual sino causal. La respuesta es evidente: los caminantes se encuentran naturalmente en el camino.

La Andariega sigue un trayecto caprichoso. No es en absoluto ordenada, no sigue un plan trazado. La Andariega va a los pueblos que sus caballos eligen y éstos, a decir de Javier, nunca se equivocaron. "Nuestros destinos estaban en sus manos, siempre eligieron la mejor ruta. Nunca teníamos duda de ello". Esta filosofía de la vida habla de la importancia del azar, del dejarse llevar en el camino. De no buscar las cosas, sino que las cosas salgan al encuentro naturalmente.

La Andariega tuvo un recorrido -aún por reconstruir de modo exhaustivo- en la época en que Liber formó parte de ella (1936-38) por ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires (Luján), provincias argentinas (Entre Ríos, Corrientes, Misiones), Paraguay y Brasil. Tuvo sus idas y venidas. En el caso de Liber, debido a su mala salud, el reuma fundamentalmente que lo obligó a retornar al hogar familiar en varias ocasiones, anduvo y desanduvo caprichosamente con los andariegos.

En la época en que La Andariega deambulaba y pernoctaba por Luján y Buenos Aires no sólo Liber sino también sus hermanas, compañeras inseparables del hermano tanto en la distancia como en la cercanía, así como Florcita, la futura poetisa de la familia, formaban parte de la troupe de titiriteros. Todos colaborando, desempeñando diversas tareas en esa labor común que era la función para los niños. Tan estrecho fue el vínculo que Javier, propulsor del grupo, se convirtió en un hermano más del clan de los Fridman, y como enamoradizo incorregible que era, anduvo enamorado de una de "sus hermanas". Con su peculiar sentido del humor lo recuerda del siguiente modo:

"A Isabelita (Isabel es la hermana pequeña de Liber) de quien estuve enamorado casi tres semanas sin contar los domingos"

Los andariegos fabricaban sus propios títeres, telones y escenarios. Javier, además de titiritero, escribía cuentos y teatro para títeres y recopilaba historias contadas por los infantes así como sus dibujos -aquellos que luego ilustrarían sus cuentos. Liber colaboraba como los demás en la realización de las funciones, pues de los títeres vivían. Pero, su tarea fundamental, era la de pintar. Los niños y los títeres, además de sus viejos amigos los paisajes, son sus temas. Tal como atestiguan sus cuadernos de viajes y catálogos de muestras de la época.

No sólo de títeres viven estos hombres y el camino está salpicado de aventuras de todo tipo donde la picaresca y el "doñerío" desempeñan el papel predominante.

La picaresca entra en funcionamiento cuando "no hay carne que echar al puchero". Era cuando los titiriteros ponían a remojar las lentejas: verdadera señal de alarma. De que las cosas estaban al rojo vivo y había que inventar alguna estrategia nueva para "llevar algo al cuerpo", ya que con los títeres sólo no se llegaba "a fin de mes". El remojo de las lentejas, señal de alarma, era también símbolo de buen augurio, pues cuando todo parecía venirse a pique, siempre surgía algo en el camino: algo para echar en el puchero y las cosas seguían con renovada marcha.

El "doñerío", sustantivo acuñado por estos muchachos en aquel tiempo, alude a sus conquistas amorosas. A las conquistas de Liber y Javier especialmente: donjuanes de los caminos de entonces. Una especie muy de temer. Se cuenta que los dos en esa época eran muy parecidos, tanto que se hacían pasar por hermanos. Ambos muy buenos mozos, "pintones" -a decir de Liber- cuya buena presencia unida a una charla fluida y envolvente, cautivaba a las muchachas. Perdón, a las doñas. El término "doñerío" lleva implícita la idea de aventura, flirt ocasional, aunque algunas veces, sobre todo en el caso de Javier, más dado al casamiento, las doñas lo llevarán con frecuencia al altar. Esto explicaría que de tanto en tanto una doña casadera se interpusiera entre La Andariega y Liber y que los amigos siguieran sus propios caminos.

Este capítulo nos sirve, asimismo, para introducir el tema de lo amoroso en la vida de Liber: tan temprano y generoso en su vida como su pintura. Historia de muchos capítulos que solo se cerraría con el encuentro del verdadero amor -término totalmente opuesto a este del doñerío- y que abriría el nuevo capítulo del Liber esposo, padre de familia y señor de su casa. Pero, hasta que esto ocurrió pasaron muchas cosas en el camino. De esas historias, algo hablaremos a lo largo de esta síntesis. Hago constancia, sin embargo, de lo interesante que resultaría realizar una investigación a fondo de dicho capít'o de su vida. Sólo identificar al elevado número de nombres de mujeres que salpican las hojas de sus agendas y cuadernos de viajes, sus fotos, e indagar en sus historias, daría para escribir una picante biografía amorosa de nuestro aventurero pintor; permitiéndonos trazar por otra un retrato de la mujer de aquel tiempo.

Es cierto que el tipo de hombre conquistador lo es en cualquier época y bajo cualquier circunstancia, pero hago constar el dato, como el propio Liber señalara en su correspondencia con la familia, lo desprovisto de hombres que estaban países como el Paraguay y Brasil de su época, por causas diferentes.

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Javier y Liber con sus títeres
durante una función en el Círculo Italiano, Santa Fé, 25 de noviembre de 1938

 

"En estos días me doy regios paseos y baños en los igarapes u arroyos de agua fría con tintes marrones... Aquí vivimos rodeados de verde selva, por eso, hermanitas, uno se ata a esos cipos o colgaderas y parece preso de tanta grandiosidad. Otra causa son las muchachas, la libertad auténtica que se tiene y se puede hablar de quien se te ocurra, sin por eso causar desacatos a ningún presidente... Hoy mismo, a mediodía, el jefe de policía me trajo con su auto a mi pensión, y me decía como hacía yo para que las mozas me dieran tantas atenciones. No es cosa por la cual haya que preocuparse, le dije, aquí hay siete muchachas para cada hombre pero, como algunos no aprovechan todas, soy yo el que llevo el mejor bocado".

"Se imaginan una ciudad metida en la selva que a las seis de la tarde el cenit marca en pocos minutos una noche cerrada, excepto cuando hay luna. Entonces, en los barrios de Flores, las piletas naturales se tornan paraísos y mientras el aire caliente y parado se torna irrespirable, el agua del igarape bajando de la sierra cruza velozmente, acariciando los cuerpos de las morenas que quieren luna y amor. Y así, la vida pasa, hermanitas, y mi historia se va atando a otras más."

Lo que el jefe de policía no pareció percatarse -de ello se encargaban las doñas"- fue del atractivo del pintor, tal como atestiguan las fotos de época, tal como se había percatado el propio Liber, ya a través de la serie de autorretratos que realizó sobre su persona a lo largo del tiempo, ya a través de sus escritos:

"Y era una doña ¡de hermosa como un sol! Y vio a un pintor de ojos azules, alto" Nos fuimos un poco lejos de La Andariega, pero, como ella, seguimos nuestro propio ritmo, caprichoso. En suma: Liber y Javier no sólo fueron titiriteros, caminantes, sino conquistadores natos de "doñas"... Día llegó, como todo, en que la aventura de La Andariega se terminó. Primero para Liber, después para Javier. Liber optó por seguir su propio camino: un camino que debía transitar en soledad. Furt, que conocía a ambos amigos, al conocer el episodio de La Andariega, en fecha tan temprana como 1937 ya le había escrito a Liber aconsejándolo severamente que siguiera su propia brújula y enjuiciándolo tanto a él como a Javier en los siguientes términos:

"No le haga caso a Villafañe. Todo eso es una exteriorización de disparate con la que él cree tapar esa desorientación, ese no saber qué hacer, que a veces tiene. Claro que por otro lado no son Ustedes para ser amigos. Usted es caprichoso, voluntarioso, un poco niño mimado. Javier es lleno de contradicciones y acostumbrado - y me parece muy bien- a querer hacer lo que se le antoje. En fuerza deben chocar. Para vivir -si eso es posible- cómodamente juntos es indispensable deshacerse en absoluto cada uno de lo que haga el otro. Porque nunca Ustedes podrían hacer cosas parecidas. Y otra cosa: la convivencia con alguien va bien o va mal, pero nunca depende de cada uno. Contra toda la buena voluntad de cada uno, se pelean. Y es natural. Cada uno se hace su vida a su modo. Y cada uno cree que la hace bien. Además -y esto es punto final -no hay nunca que identificar al hombre -artista (escritor, pintor, músico,) con el hombre-hombre. Muchas veces, el noventa y cinco por ciento, no tiene nada de parecido el uno con el otro. Y aún más, le confieso esto: mejor es que ante una obra linda no piense en querer interiorizarse de su autor. Puede serle un desengaño inútil. Y créame que no es este el caso de Villafañe, a quien no creo malo y a quien prefiero estimar".

Esta carta, al parecer, debió ser respuesta de una carta de ida de Liber que no poseemos en la cual el pintor debió plantearle a Don Jorge algún tipo de roce con Javier y Don Jorge le manifestó ampliamente su opinión. Liber y Javier eran dos personalidades fuertes y con un concepto propio de la libertad personal. Esta es la razón por la cual en un momento dado debían separarse. Pero, separarse, ante todo, porque a dicha personalidad unían un talento artístico que desarrollar en soledad o con la compañía de seres que los siguieran incondicionalmente, tanto en la amistad como en el amor. La carta pertenece a una fecha tan temprana como 1937, pero hasta mediados de los años cuarenta no ocurre la verdadera separación. La Andariega fue en definitiva el momento del encuentro, de la semilla de una amistad que aún hoy continua a través del tiempo y de la distancia. Pertenece a la épica personal de Liber y Javier: a esos años gloriosos en que una carreta era guiada por el olfato de un par de yeguas y el sueño loco de unos artistas bohemios que llevaron alegría a los niños del continente. En este sentido Don Jorge, posiblemente agudo, pero severo y quizá celoso de la amistad de ambos jóvenes, se equivocó. Pues a ambos dos, Liber los recuerda siempre y son parte del bagaje de su personal camino.

 

Paraguay (1938-1946)

 

"Se arreglan santos"

 

En 1938 no había en el Paraguay que Liber conoció prácticamente pintura que restaurar sino esculturas de santos: propiedad no sólo de la iglesia sino objeto habitual del culto doméstico de las gentes de ciudades y pueblos del Paraguay de los años 30. Y, obedeciendo a dicha oferta, Liber ajustó su tarjeta de restaurador de pinturas al de esculturas. "Se arreglan santos" era el cartel que colgaba de la puerta de la casa de nuestro pintor en Asunción.

 

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Los amigos Roque Molinari, Herib Campos Cervera, Augusto Roa Bastos, Liber Fridman y Juan Pedro Ramos en el atelier del artista

Una foto de época ilustra el dato y nos ofrece la visión de un joven, con aspecto de salud quebrantada, delgado, correctamente peinado, vestido con la camisa típica del pintor: ancha, corta y con lazo.

En esa casa que Liber había alquilado para vivir durante su estancia paraguaya, la cual duró, con intermitencias (idas y vueltas a Luján y Buenos Aires y otros viajes esporádicos con Javier Villafañe) del año 1938 al 1946, tenía su "atelier" -según la característica expresión afrancesada que se usa en la Argentina para designar al taller del artista plástico-. Allí pintaba retratos y autorretratos (tan característicos de esta etapa como aquellos), completaba sus paisajes del natural y restauraba. Era su base de operaciones: el punto de referencia de una estancia cuya característica principal será la andanza por el interior del país.

 

Una foto de época ilustra el dato y nos ofrece la visión de un joven, con aspecto de salud quebrantada, delgado, correctamente peinado, vestido con la camisa típica del pintor: ancha, corta y con lazo.

En esa casa que Liber había alquilado para vivir durante su estancia paraguaya, la cual duró, con intermitencias (idas y vueltas a Luján y Buenos Aires y otros viajes esporádicos con Javier Villafañe) del año 1938 al 1946, tenía su "atelier" -según la característica expresión afrancesada que se usa en la Argentina para designar al taller del artista plástico-. Allí pintaba retratos y autorretratos (tan característicos de esta etapa como aquellos), completaba sus paisajes del natural y restauraba. Era su base de operaciones: el punto de referencia de una estancia cuya característica principal será la andanza por el interior del país.

A aquella casa acudían, como no podía faltar, no sólo clientes y modelos para sus retratos, sino también los amigos. A esa época es que pertenece la alegre "barra de muchachos" paraguayos así como otros amigos nacidos en la aventura de La Andariega. Están, esporádicamente, Javier, y como aportes nuevos: el escritor Roa Bastos, el poeta Herib Campos Cervera, entre otros. Pero también amigos pertenecientes a la curia con la cual Liber se relacionara inmediatamente por razones de trabajo: me refiero a Monseñor Bogarin. [Ver la página dedicada a "Vy'a Raity", "la casa de la dicha" del site "La Jiribilla"]

La amistad más estrecha, de verdadera camaradería, se dio especialmente con Herib Campos Cervera y, tan es así, que el hijo varón de Liber recibirá, en recuerdo del malogrado amigo, como segundo nombre, Herib. Entre ellos se darán mutuo trato de pajaritos: tal como consta en la breve y dispersa correspondencia que ambos tuvieron. Herib era "el pajarito con barba" y es de suponer que Liber fuera el pajarito con pajarita (la pajarita de la camisa de pintor). Se trata por tanto de una relación donde la ternura es el elemento destacable. Y, realmente, el nombre de pajaritos les calza a la perfección dada la condición errabunda de ambos.

Herib, poeta, tenía como oficio la agrimensura y debía viajar con frecuencia al interior de Argentina por cuestiones de trabajo. En cuanto a Liber, espíritu errabundo por naturaleza, cualquier motivo de interés humanístico era suficiente para movilizarlo... La cuestión es que aquella casita que durante algunas épocas estaba de lo más concurrida, lugar de "farra" por excelencia de aquellos muchachos, pasaba por períodos de absoluto silencio, comunicando a su entorno una gran pena. "Por la casita todo marcha silenciosamente, completamente huérfana de doñas y caseína"

Finalmente, con el tiempo, la casita fue cerrada pues cada uno de los amigos siguió su camino como era de esperar, para construir su propio estilo de vida. No obstante, el recuerdo guardó los días aquellos en el corazón y la memoria, si bien algunas veces estuvo matizado por el reencuentro o el arribo de alguna noticia fresca.

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Liber, Campos Cervera
[y otro amigo, por identificar]
en la puerta de la "Casa de la dicha",
hogar de Liber

 

Liber tuvo, años después, estando en el Brasil noticia sobre Herib, pero fueron tristes noticias: el "pajarito" había muerto.

..."y nada desfallece en el ámbito de tus noches enteras porque estás en el límite de un país invisible"

Herib Campos Cervera

 

(Texto extraído de "Yo, de allí: Una biografía de Liber Fridman";
Pilar Vigil Cartagena; Ediciones del Sol; Buenos Aires, 1994)

 

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