LIBER FRIDMAN ...por los caminos de américa

 

Brasil (III)

Recife (1953-1954): Venecia con colorido

"Siempre, cuando pasaba por Recife, me daban unas ganas inmensas de quedarme allí"

Después del retorno de Liber a Belem, ciudad donde expuso sus telas con motivos amazónicos, la rutina, el agotamiento natural de sus temas, lo empujo nuevamente a viajar. Esta vez a la ciudad de Recife: el último punto de su itinerario brasileño. Recordemos, por otro lado, que en fecha tan temprana como 1950, Liber ya esta pensando en el Perú y en Europa como próximos objetivos de viaje. Semejante proyecto pone de manifiesto que la estadía de Liber en el Brasil era provisional. Debía seguir viajando, seguir buscando. El Brasil todavía no le había dado la respuesta que esperaba.

En Belem do Para, con su modelo, pintando "Flor amazónica"

La estancia de Liber en la ciudad de Recife, aunque con su colorido propio, tuvo similares características a la de las otras ciudades brasileñas. No obstante, aquella, con su vieja arquitectura, la inmediatez del mar, su peculiar color, hacen decir a Liber en un momento dado: "Para mi Venecia es Recife con colorido y con gente rara", lo que explica su enamoramiento y la tentación de echar anclas en dicha tierra. El deseo de seguir viajando, como sabemos, fue sin embargo más fuerte que el de arraigarse. Por otro lado, la tierra no ejerció nunca en Liber una influencia determinante en aquel sentido. Siempre pudieron más los afectos: verdadera ancla de su arraigo. La explicación en última instancia de la elección de Buenos Aires (ciudad con la que íntimamente nunca simpatizó) como lugar de residencia: la tierra de sus afectos de origen. Liber podía haber arraigado en todos y cada uno de los países que conoció y en los cuales, de hecho, vivió durante largas temporadas, pero no sucedió no sólo por el deseo de andar, sino porque estaba insatisfecho. Su búsqueda creativa concebida como movimiento, como desplazamiento en el espacio, no había dado aún con su clave interna.

Por otro lado, la figura de la compañera de la vida, cada vez más lejana, no aparecía. Todo lo empujaba a seguir buscando. Recife representa uno de los momentos contradictorios de Liber.

Por un lado la perspectiva cada vez más clara de hacer un viaje a Europa: "Se ha enterado de mi proyecto para viajar a España. Está mañana tuve una casi confirmación de que estoy incluido entre los aceptados, pero, oficialmente, lo sabré en septiembre. ¡Imagínense, hermanitas, yo estudiando restauración en el Museo del Prado".

Por otro, el deseo de anclar: "Ciertamente esta ciudad quisiera elegirla para estar siempre". "Siento necesidad de parar un poco".

Hay un tema, el del papel de lo europeo en el sistema de valores de Liber, que sería interesante dedicarle unas llíneas dentro del contexto de este tiempo, pues es constante en toda esta etapa y culminará finalmente con el éxito de las gestiones recifeñas para viajar a Europa. Decíamos, al iniciar el capítulo Brasil, que Liber se consolidará a lo largo de sus andanzas como un americanista de obra y de espíritu. Esto no obsta que Liber haga una valoración positiva, como hombre curioso que es, de lo europeo. Así pues las ciudades brasileñas donde reside: en Bahía, en Belem, en Recife, no son sólo valoradas por su sabor local, nuevos temas para su pintura, sino también por el aporte europeo que les imprime la nota antigua. La arquitectura colonial de estas ciudades, portuguesa u holandesa, el aporte judío con las sinagogas, la existencia de palacios y teatros que atestiguan un siglo XIX rico en eventos culturales, son evidentemente notas de interés para nuestro pintor. En cierto modo, a veces parecería que son dichas características las que hacen importantes, atractivas e interesantes estas ciudades. De cualquier modo el haber sido testigo de ellas pero en el Brasil de entonces le concede importancia de testigo vivencial.
La otra cara de la moneda de dicha actitud sería la insólita identificación de ciudades y países europeos con americanos: Venecia sin ir más lejos sería "una Recife con colorido". Dicha observación no puede ser más que de un americanista; si bien tenga necesidad de echar mano de Venecia, esto es, del referente europeo. El hecho de que baste conocer Recife para poder apreciar Venecia, esto es, los testimonios de la cultura europea en el continente americano, hace que no sea tan importante eso del viaje a Europa. Aún así Liber tiene, como hombre de cultura la deuda interna de viajar al viejo continente, la deuda que tiene todo americano en cierto modo con Europa por razones históricas conocidas. Liber viajará a Europa como becado, en calidad de estudiante de restauración en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. La cuestión europea no se acaba aquí pues ésta suele aparecer a propósito de la pintura. En dicho caso Liber posee una posición determinante: está en contra de los seguidores "de las recetas europeas" en América. En definitiva: mientras que hace una valoración positiva de Europa desde el punto de vista cultural (el es necesario ir a Europa para "sacarse la espinita"); su adscripción a la pintura figurativa, así como su defensa, por encima de todo, del camino personal, lo hace apostatar de Europa como referente estético válido en el siglo XX. Recordemos que para Liber con Picasso había empezado el caos en pintura.

 

Temas pendientes

Algunos temas sueltos nos quedan por pincelar; estos fueron comunes a esta etapa brasileña. Los mencionamos brevemente. En lo relativo a la cuestión sentimental Liber trabó y destrabó amistades con muchas mujeres, otras quedaron y perduraron como buenas amigas. Como es el caso de Terezinha Maia. Otras lo entusiasmaron con la idea del casamiento: caso de una joven de nombre Aurea. Pero fueron experiencias fugitivas y de ellas sólo queda el recuerdo de un nombre anotado en una libreta o en una carta, o el de una pícara sonrisa en la actualidad.

Es en esta época también cuando aparece por primera vez en escena la figura de su hija, Sabina, a través de la correspondencia. Esta había sido fruto de la malograda unión entre el pintor y una joven paraguaya. Por ello es que fue reclamada del Paraguay a instancias del padre y la crianza de la niña corrió a cargo de las hermanas en Buenos Aires. Liber siguió desde lejanos paraderos y a través de la correspondencia, ya con las hermanas, ya con la hija -cuando ésta estuvo en la edad de mantenerla- la educación de la niña. Más eventualmente mantuvo relación directa con aquélla con ocasión de esporádicos retornos a Buenos Aires. En la distancia una foto de la niña, así como un retrato suyo, acompañó siempre amorosamente al pintor.30. Foto 30. "Sabina". Buscar foto o retrato de la niña. Sabina heredó del padre, entre otras cosas, una inclinación por el arte y que se manifestó concretamente en el estudio y negocio del arte popular peruano. Es significativo destacar el hecho como padre e hija se han encontrado en los derroteros del arte peruano. Una sensibilidad parecida en este sentido los ha llevado a coincidir en dicho tema. En el caso de Sabina la inclinación se ha concretado en la dimensión antropológica del arte popular peruano.

Flor Schapira Fridman, su sobrina, la hija de su hermana Anita, (aquella que aparece en los lejanos tiempos de "La Andariega") será otro de los miembros de la familia con quien Liber mantendrá una comunicación fluida a lo largo del tiempo. Flor, a diferencia de las hermanas de Liber, dada su vocación y dedicación poéticas, representaba un tipo de interlocutor distinto. Con Flor Liber intercambiará sus ideas estéticas. Le hará partícipe al tío sobre sus avances poéticos, el cual aplaudirá a su vez con entusiasmo. Y así como Flor será muchas veces la encargada, dada su intensa vida social, de gestionar galerías al regreso de su tío a Buenos Aires; del mismo modo Liber hará lo propio con su poesía:

"En una de ellas (sus cartas) llegaban tus poesías, atravesando remotas tierras, pasando los límites de geografías usadas. En esta semana comenzaré a ocuparme; así se les da el bautizo poético en uno de los diarios más importantes de aquí". La fluida relación epistolar como luego la personal entre ambos se explicaría no sólo porque se trata de artistas (lo cual tampoco es garantía de relación) sino por el uso de un lenguaje común: poético, dramático, de hipérboles, y en donde la presencia de lo telúrico es importante:

"Atravesando remotas tierras, pasando los límites de geografías usadas". Uso de un lenguaje común, que en realidad expresa una forma de sentir semejante. Esto explicaría en el futuro mutuas colaboraciones: Liber aparecería ilustrando sus libros de poemas y Flor escribiéndo poemas a su pintura. Pero, dicho momento pertenece a un tiempo posterior a las andanzas de Liber.

No sólo la familia, por último, aparece en esta última etapa de Recife, sino también desfilan por sus cartas los nombres de los amigos de siempre y a los cuales Liber reprochará su falta de noticias, pues él, pese a que está lejos, siempre tiene una palabra de recuerdo para ellos. Para Don Jorge, para Javier y tantos otros. Lo que Liber quizás no sepa es que dichos amigos, en la vorágine de sus propias vidas, tienen un modo menos directo, más íntimo, de comunicarse con él. Sus amigos saben de él, porque preguntan por él, por terceros y lo que saben es que el pintor está cada vez más lejos: corriendo aquellas andanzas que hubieran deseado realizar.

"De Usted siempre tenía yo alguna noticia, y sabía que andaba por tierras remotas y no necesito decir como le envidiaba pese a que yo anduve bastante pero de otro modo"[...]

"Años hace que no veo nada de Usted. Creo que lo último fue la exposición que hizo en la Ameghino con temas brasileños, tan llenos de color, de luz, de formas, resplandecientes... Deseo, pues, ver como es Usted ahora pues no en vano pasan los años, las experiencias y con ellos los sentimientos y modos de ver."

Desde lejos en Buenos Aires se empieza tejer una leyenda sobre Liber cuyo primer capítulo son las andanzas de aquellos días. Los amigos por tanto que quedaron en Buenos Aires, pero especialmente en Luján, y Paraguay, saben de Liber, el andariego, por terceros, decíamos. Con mas dificultad se comunica Liber con ellos pues sus hermanas -su vínculo con la ciudad porteña- y menos aún su padre -al margen de todos estos temas- tardan, olvidan o simplemente no saben sobre aquéllos. No obstante, es a través de ellas que Liber tiene noticias de Javier y de Herib Campos. Lamentablemente lo que sabe de este último en ese tiempo fue más motivo de tristeza que de alegría:

"No puedo conformarme, hermanitas, con la triste noticia de la muerte de Campos. No fueron capaces de enviarme otra carta un día después contándome como aconteció tan triste noticia. Mucho hablaremos en casa recordando al pajarito que, como un soneto, terminó sus palabras y quedó su nombre en el aire".

Con el tiempo, y una vez que la vida se llevó a muchos de los que lo acompañaron en algún momento del camino, Liber encontrará en el sueño un modo de comunicarse con ellos.

Otro tema, no menos frecuente de sus andanzas, por último, es el de las enfermedades. Y así como en el Paraguay el reumatismo lo obligó a retornar en numerosas ocasiones a Buenos Aires; dicha enfermedad -creándole una complicación sumamente severa en un pulmón, el cual se le infectó llenándosele de pus- lo ató al Brasil. La posibilidad de volver a Buenos Aires o que alguien de su familia fuera a socorrerlo era más difícil dada las distancias. Dicha enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida -fue desahuciado por los médicos- le fue curada no por la vía de la medicina tradicional, sino la oriental: la yóguica. Así, mediante una serie de sesiones de implantación de manos -fluido de energía positivo en la zona afectada- Liber fue liberado del mal. Su caso, uno de los contados casos de la medicina, sería objeto de un simposium de especialistas, ante el cual Liber pronunciaría una charla.

"Los yoguis curan desde hace millares de años estos males y proveen de nuevas células el lugar dolorido".

La fé en la cura yóguica suministrada por los brasileños lo llevó al mismo Liber a practicar la técnica, junto con otros amigos iniciados, realizando numerosas curas por imposición de la mano. Pero el agotamiento que le causaba lo hizo dejarla. Fue dicho tema, precisamente, vivido en carne propia, el que nos puede servir a título informativo de la relación de Liber con ciencias no occidentales, pero de más larga tradición, como la yogui ya mencionada, pero también la astrología, de la mano de su amigo el también pintor Xul Solar, así como de otros personajes vinculados al tema (Ilma Maggi). Ya Liber en sus andanzas por Paraguay había reparado en estos fenómenos, con sus observaciones sobre los curanderos. En el Brasil mismo fue excepcional testigo de los candomblés:

..."me hice frecuentador de los candomblés para compenetrarme con los ritos afrobrasileños. Tanta era la seducción que una noche estuve a punto de entrar a danzar en el terreiro al sentir que el santo había caido sobre mi cabeza".

 

Paz y presencia

"Sí les contara como fue la despedida del año es para reírse. Buscando tranquilidad me fui a un pueblo del interior. Tomé un tren carreta y tres horas después estaba en el corazón de un viejo pueblo en día de fiesta. Para comenzar eso de encontrar hotel era problemático, pero al fin lo encontré. Los cuartos sólo tenían puerta estrecha, luego era como un cajón de embalar muebles viejos. Allí me ubiqué. Al caer la tarde los altoparlantes comenzaron con sus zambas estridentes. Esto fue hasta las 2 horas del 1 de Enero, amén de banda de música como había en Luján o Villa Rafo. A media noche 12 bombas de estruendo que eran cañonazos auténticos hacían un infernal barullo. Esto se matizaba con mosquitos con hambre atrasada y el gruñir de un chancho blanco que estaba pocos metros de mi cuarto. Estas son las delicias de un andariego de fin de año".

La tranquilidad, la búsqueda de paz, son necesarias para nuestro pintor. En última instancia es dicha razón la que explica su continuo caminar, lejos de una familia por naturaleza absorbente. Es la otra cara de la moneda de su experiencia de la soledad: su cara positiva. Liber necesitaba el aislamiento para crear. Ya habíamos mencionado que no era un hombre de gustos populares y, después del primer desvelamiento producido por el carnaval, huye de ellos. Huye del mundanal ruido. La grave enfermedad recientemente superada explica también esa necesidad de retiro que le hace valorar los lugares recoletos.

Niños jugando con pequeñas barquitas, Brasil, ca. 1953.
Fotografía de Liber Fridman

 

En la playa de Olinda, Recife, en 1953

"Voy a Olinda, a pintar motivos del viejo convento franciscano... Con mi salud ando más que bien. De mañana, ese viaje a Olinda, costeando 7 km. el mar, a veces a pocos, metros, y esa paz que se vive en este templo ubicado en un pequeño cerro es una vida sana".

Por tanto una vez más en este período recifeño, Liber al mencionar su deseo de paz, recala de alguna manera en la necesidad de "parar un poco". No obstante, una vez restablecido, el gusanillo del viaje es muy fuerte: la paz no la va a encontrar todavía en el arraigo pues para ello era necesario encontrar su camino en el arte y a la anhelada compañera de la vida. La despedida del Brasil desde la vieja ciudad de Recife, sin embargo, tiene el sabor del arraigo, pues el pintor dejó una semilla en aquella tierra. Su presencia.

"Esta noche, paseando por la ciudad, vi en una casa las paredes con muchos cuadros. Luego reconocí uno mío, de la primera etapa de Bahía. ¡Qué curioso!".

LF_biografia Documento sin título
LIBER FRIDMAN ...por los caminos de américa

Brasil (III)

Recife (1953-1954): Venecia con colorido

"Siempre, cuando pasaba por Recife, me daban unas ganas inmensas de quedarme allí"

Después del retorno de Liber a Belem, ciudad donde expuso sus telas con motivos amazónicos, la rutina, el agotamiento natural de sus temas, lo empujo nuevamente a viajar. Esta vez a la ciudad de Recife: el último punto de su itinerario brasileño. Recordemos, por otro lado, que en fecha tan temprana como 1950, Liber ya esta pensando en el Perú y en Europa como próximos objetivos de viaje. Semejante proyecto pone de manifiesto que la estadía de Liber en el Brasil era provisional. Debía seguir viajando, seguir buscando. El Brasil todavía no le había dado la respuesta que esperaba.

En Belem do Para, con su modelo, pintando "Flor amazónica"

La estancia de Liber en la ciudad de Recife, aunque con su colorido propio, tuvo similares características a la de las otras ciudades brasileñas. No obstante, aquella, con su vieja arquitectura, la inmediatez del mar, su peculiar color, hacen decir a Liber en un momento dado: "Para mi Venecia es Recife con colorido y con gente rara", lo que explica su enamoramiento y la tentación de echar anclas en dicha tierra. El deseo de seguir viajando, como sabemos, fue sin embargo más fuerte que el de arraigarse. Por otro lado, la tierra no ejerció nunca en Liber una influencia determinante en aquel sentido. Siempre pudieron más los afectos: verdadera ancla de su arraigo. La explicación en última instancia de la elección de Buenos Aires (ciudad con la que íntimamente nunca simpatizó) como lugar de residencia: la tierra de sus afectos de origen. Liber podía haber arraigado en todos y cada uno de los países que conoció y en los cuales, de hecho, vivió durante largas temporadas, pero no sucedió no sólo por el deseo de andar, sino porque estaba insatisfecho. Su búsqueda creativa concebida como movimiento, como desplazamiento en el espacio, no había dado aún con su clave interna.

Por otro lado, la figura de la compañera de la vida, cada vez más lejana, no aparecía. Todo lo empujaba a seguir buscando. Recife representa uno de los momentos contradictorios de Liber.

Por un lado la perspectiva cada vez más clara de hacer un viaje a Europa: "Se ha enterado de mi proyecto para viajar a España. Está mañana tuve una casi confirmación de que estoy incluido entre los aceptados, pero, oficialmente, lo sabré en septiembre. ¡Imagínense, hermanitas, yo estudiando restauración en el Museo del Prado".

Por otro, el deseo de anclar: "Ciertamente esta ciudad quisiera elegirla para estar siempre". "Siento necesidad de parar un poco".

Hay un tema, el del papel de lo europeo en el sistema de valores de Liber, que sería interesante dedicarle unas llíneas dentro del contexto de este tiempo, pues es constante en toda esta etapa y culminará finalmente con el éxito de las gestiones recifeñas para viajar a Europa. Decíamos, al iniciar el capítulo Brasil, que Liber se consolidará a lo largo de sus andanzas como un americanista de obra y de espíritu. Esto no obsta que Liber haga una valoración positiva, como hombre curioso que es, de lo europeo. Así pues las ciudades brasileñas donde reside: en Bahía, en Belem, en Recife, no son sólo valoradas por su sabor local, nuevos temas para su pintura, sino también por el aporte europeo que les imprime la nota antigua. La arquitectura colonial de estas ciudades, portuguesa u holandesa, el aporte judío con las sinagogas, la existencia de palacios y teatros que atestiguan un siglo XIX rico en eventos culturales, son evidentemente notas de interés para nuestro pintor. En cierto modo, a veces parecería que son dichas características las que hacen importantes, atractivas e interesantes estas ciudades. De cualquier modo el haber sido testigo de ellas pero en el Brasil de entonces le concede importancia de testigo vivencial.
La otra cara de la moneda de dicha actitud sería la insólita identificación de ciudades y países europeos con americanos: Venecia sin ir más lejos sería "una Recife con colorido". Dicha observación no puede ser más que de un americanista; si bien tenga necesidad de echar mano de Venecia, esto es, del referente europeo. El hecho de que baste conocer Recife para poder apreciar Venecia, esto es, los testimonios de la cultura europea en el continente americano, hace que no sea tan importante eso del viaje a Europa. Aún así Liber tiene, como hombre de cultura la deuda interna de viajar al viejo continente, la deuda que tiene todo americano en cierto modo con Europa por razones históricas conocidas. Liber viajará a Europa como becado, en calidad de estudiante de restauración en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. La cuestión europea no se acaba aquí pues ésta suele aparecer a propósito de la pintura. En dicho caso Liber posee una posición determinante: está en contra de los seguidores "de las recetas europeas" en América. En definitiva: mientras que hace una valoración positiva de Europa desde el punto de vista cultural (el es necesario ir a Europa para "sacarse la espinita"); su adscripción a la pintura figurativa, así como su defensa, por encima de todo, del camino personal, lo hace apostatar de Europa como referente estético válido en el siglo XX. Recordemos que para Liber con Picasso había empezado el caos en pintura.

 

Temas pendientes

Algunos temas sueltos nos quedan por pincelar; estos fueron comunes a esta etapa brasileña. Los mencionamos brevemente. En lo relativo a la cuestión sentimental Liber trabó y destrabó amistades con muchas mujeres, otras quedaron y perduraron como buenas amigas. Como es el caso de Terezinha Maia. Otras lo entusiasmaron con la idea del casamiento: caso de una joven de nombre Aurea. Pero fueron experiencias fugitivas y de ellas sólo queda el recuerdo de un nombre anotado en una libreta o en una carta, o el de una pícara sonrisa en la actualidad.

Es en esta época también cuando aparece por primera vez en escena la figura de su hija, Sabina, a través de la correspondencia. Esta había sido fruto de la malograda unión entre el pintor y una joven paraguaya. Por ello es que fue reclamada del Paraguay a instancias del padre y la crianza de la niña corrió a cargo de las hermanas en Buenos Aires. Liber siguió desde lejanos paraderos y a través de la correspondencia, ya con las hermanas, ya con la hija -cuando ésta estuvo en la edad de mantenerla- la educación de la niña. Más eventualmente mantuvo relación directa con aquélla con ocasión de esporádicos retornos a Buenos Aires. En la distancia una foto de la niña, así como un retrato suyo, acompañó siempre amorosamente al pintor.30. Foto 30. "Sabina". Buscar foto o retrato de la niña. Sabina heredó del padre, entre otras cosas, una inclinación por el arte y que se manifestó concretamente en el estudio y negocio del arte popular peruano. Es significativo destacar el hecho como padre e hija se han encontrado en los derroteros del arte peruano. Una sensibilidad parecida en este sentido los ha llevado a coincidir en dicho tema. En el caso de Sabina la inclinación se ha concretado en la dimensión antropológica del arte popular peruano.

Flor Schapira Fridman, su sobrina, la hija de su hermana Anita, (aquella que aparece en los lejanos tiempos de "La Andariega") será otro de los miembros de la familia con quien Liber mantendrá una comunicación fluida a lo largo del tiempo. Flor, a diferencia de las hermanas de Liber, dada su vocación y dedicación poéticas, representaba un tipo de interlocutor distinto. Con Flor Liber intercambiará sus ideas estéticas. Le hará partícipe al tío sobre sus avances poéticos, el cual aplaudirá a su vez con entusiasmo. Y así como Flor será muchas veces la encargada, dada su intensa vida social, de gestionar galerías al regreso de su tío a Buenos Aires; del mismo modo Liber hará lo propio con su poesía:

"En una de ellas (sus cartas) llegaban tus poesías, atravesando remotas tierras, pasando los límites de geografías usadas. En esta semana comenzaré a ocuparme; así se les da el bautizo poético en uno de los diarios más importantes de aquí". La fluida relación epistolar como luego la personal entre ambos se explicaría no sólo porque se trata de artistas (lo cual tampoco es garantía de relación) sino por el uso de un lenguaje común: poético, dramático, de hipérboles, y en donde la presencia de lo telúrico es importante:

"Atravesando remotas tierras, pasando los límites de geografías usadas". Uso de un lenguaje común, que en realidad expresa una forma de sentir semejante. Esto explicaría en el futuro mutuas colaboraciones: Liber aparecería ilustrando sus libros de poemas y Flor escribiéndo poemas a su pintura. Pero, dicho momento pertenece a un tiempo posterior a las andanzas de Liber.

No sólo la familia, por último, aparece en esta última etapa de Recife, sino también desfilan por sus cartas los nombres de los amigos de siempre y a los cuales Liber reprochará su falta de noticias, pues él, pese a que está lejos, siempre tiene una palabra de recuerdo para ellos. Para Don Jorge, para Javier y tantos otros. Lo que Liber quizás no sepa es que dichos amigos, en la vorágine de sus propias vidas, tienen un modo menos directo, más íntimo, de comunicarse con él. Sus amigos saben de él, porque preguntan por él, por terceros y lo que saben es que el pintor está cada vez más lejos: corriendo aquellas andanzas que hubieran deseado realizar.

"De Usted siempre tenía yo alguna noticia, y sabía que andaba por tierras remotas y no necesito decir como le envidiaba pese a que yo anduve bastante pero de otro modo"[...]

"Años hace que no veo nada de Usted. Creo que lo último fue la exposición que hizo en la Ameghino con temas brasileños, tan llenos de color, de luz, de formas, resplandecientes... Deseo, pues, ver como es Usted ahora pues no en vano pasan los años, las experiencias y con ellos los sentimientos y modos de ver."

Desde lejos en Buenos Aires se empieza tejer una leyenda sobre Liber cuyo primer capítulo son las andanzas de aquellos días. Los amigos por tanto que quedaron en Buenos Aires, pero especialmente en Luján, y Paraguay, saben de Liber, el andariego, por terceros, decíamos. Con mas dificultad se comunica Liber con ellos pues sus hermanas -su vínculo con la ciudad porteña- y menos aún su padre -al margen de todos estos temas- tardan, olvidan o simplemente no saben sobre aquéllos. No obstante, es a través de ellas que Liber tiene noticias de Javier y de Herib Campos. Lamentablemente lo que sabe de este último en ese tiempo fue más motivo de tristeza que de alegría:

"No puedo conformarme, hermanitas, con la triste noticia de la muerte de Campos. No fueron capaces de enviarme otra carta un día después contándome como aconteció tan triste noticia. Mucho hablaremos en casa recordando al pajarito que, como un soneto, terminó sus palabras y quedó su nombre en el aire".

Con el tiempo, y una vez que la vida se llevó a muchos de los que lo acompañaron en algún momento del camino, Liber encontrará en el sueño un modo de comunicarse con ellos.

Otro tema, no menos frecuente de sus andanzas, por último, es el de las enfermedades. Y así como en el Paraguay el reumatismo lo obligó a retornar en numerosas ocasiones a Buenos Aires; dicha enfermedad -creándole una complicación sumamente severa en un pulmón, el cual se le infectó llenándosele de pus- lo ató al Brasil. La posibilidad de volver a Buenos Aires o que alguien de su familia fuera a socorrerlo era más difícil dada las distancias. Dicha enfermedad que estuvo a punto de costarle la vida -fue desahuciado por los médicos- le fue curada no por la vía de la medicina tradicional, sino la oriental: la yóguica. Así, mediante una serie de sesiones de implantación de manos -fluido de energía positivo en la zona afectada- Liber fue liberado del mal. Su caso, uno de los contados casos de la medicina, sería objeto de un simposium de especialistas, ante el cual Liber pronunciaría una charla.

"Los yoguis curan desde hace millares de años estos males y proveen de nuevas células el lugar dolorido".

La fé en la cura yóguica suministrada por los brasileños lo llevó al mismo Liber a practicar la técnica, junto con otros amigos iniciados, realizando numerosas curas por imposición de la mano. Pero el agotamiento que le causaba lo hizo dejarla. Fue dicho tema, precisamente, vivido en carne propia, el que nos puede servir a título informativo de la relación de Liber con ciencias no occidentales, pero de más larga tradición, como la yogui ya mencionada, pero también la astrología, de la mano de su amigo el también pintor Xul Solar, así como de otros personajes vinculados al tema (Ilma Maggi). Ya Liber en sus andanzas por Paraguay había reparado en estos fenómenos, con sus observaciones sobre los curanderos. En el Brasil mismo fue excepcional testigo de los candomblés:

..."me hice frecuentador de los candomblés para compenetrarme con los ritos afrobrasileños. Tanta era la seducción que una noche estuve a punto de entrar a danzar en el terreiro al sentir que el santo había caido sobre mi cabeza".

 

Paz y presencia

"Sí les contara como fue la despedida del año es para reírse. Buscando tranquilidad me fui a un pueblo del interior. Tomé un tren carreta y tres horas después estaba en el corazón de un viejo pueblo en día de fiesta. Para comenzar eso de encontrar hotel era problemático, pero al fin lo encontré. Los cuartos sólo tenían puerta estrecha, luego era como un cajón de embalar muebles viejos. Allí me ubiqué. Al caer la tarde los altoparlantes comenzaron con sus zambas estridentes. Esto fue hasta las 2 horas del 1 de Enero, amén de banda de música como había en Luján o Villa Rafo. A media noche 12 bombas de estruendo que eran cañonazos auténticos hacían un infernal barullo. Esto se matizaba con mosquitos con hambre atrasada y el gruñir de un chancho blanco que estaba pocos metros de mi cuarto. Estas son las delicias de un andariego de fin de año".

La tranquilidad, la búsqueda de paz, son necesarias para nuestro pintor. En última instancia es dicha razón la que explica su continuo caminar, lejos de una familia por naturaleza absorbente. Es la otra cara de la moneda de su experiencia de la soledad: su cara positiva. Liber necesitaba el aislamiento para crear. Ya habíamos mencionado que no era un hombre de gustos populares y, después del primer desvelamiento producido por el carnaval, huye de ellos. Huye del mundanal ruido. La grave enfermedad recientemente superada explica también esa necesidad de retiro que le hace valorar los lugares recoletos.

Niños jugando con pequeñas barquitas, Brasil, ca. 1953.
Fotografía de Liber Fridman

 

En la playa de Olinda, Recife, en 1953

"Voy a Olinda, a pintar motivos del viejo convento franciscano... Con mi salud ando más que bien. De mañana, ese viaje a Olinda, costeando 7 km. el mar, a veces a pocos, metros, y esa paz que se vive en este templo ubicado en un pequeño cerro es una vida sana".

Por tanto una vez más en este período recifeño, Liber al mencionar su deseo de paz, recala de alguna manera en la necesidad de "parar un poco". No obstante, una vez restablecido, el gusanillo del viaje es muy fuerte: la paz no la va a encontrar todavía en el arraigo pues para ello era necesario encontrar su camino en el arte y a la anhelada compañera de la vida. La despedida del Brasil desde la vieja ciudad de Recife, sin embargo, tiene el sabor del arraigo, pues el pintor dejó una semilla en aquella tierra. Su presencia.

"Esta noche, paseando por la ciudad, vi en una casa las paredes con muchos cuadros. Luego reconocí uno mío, de la primera etapa de Bahía. ¡Qué curioso!".

 

 

 

| biografía | obra plástica | pensamientos y escritos | L.F. restaurador |

| datos sobre el artista | la colección L.F. | contacto |

 

 

© by Geografía Negra Ediciones - Ariel Fridman, 2007