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Brasil (I) Brasil (1945, 1947-1954)
"Que cada día de vida sea un día de vida" "Soy
un hombre que edifico todos los días mi orden de vida, Las dos citas que abren el presente capítulo -la una desarrollando a la otra- son claramente representativas de la etapa brasileña de Liber. Brasil es el país que después del Perú -al que viaja posteriormente- representa una de las experiencias más importantes del artista en su vida. Experiencia de vida pues el Brasil fue el país que arrebató con sus bellezas, con sus contrastes y porque no con sus mujeres el espíritu aventurero de Liber Fridman. Le proporcionó nuevos temas a su pintura, saturó de color sus telas y fue quizá la época en la cual vendió más pintura. Resultaba de gran atractivo no sólo en el Brasil, sino luego también en el extranjero, el exotismo de sus temas por donde desfilaban personajes, costumbres, lugares, que sólo en dicha parte del mundo se podían encontrar: siringueiros, pretinhos, favelas, candomblés, etc. Todo ese mundo que sólo se podía representar habiendo vivido en aquella tierra. Fue también la época en que desarrolló de un modo pleno el retratismo. De alguna manera la figura del pintor Gauguin parece gravitar en esta época como modelo de vida. El carácter de sus viviendas, el tema de su pintura y esa voluntad, por encima de todo, de estar en contacto con un mundo salvaje, natural, lejos de "esa rutina que las ciudades muestran en su frío perfil de piedra gris" Liber viajará a Europa -atraído por la idea de conocer el Viejo Mundo- y también a los Estados Unidos en varias ocasiones de su vida. Finalmente adoptara como lugar de residencia la ciudad de Buenos Aires ("ciudad triste, con mucha gente que opina y critica más de la medida"). Sí, Liber viaja pero lo que rescata en su balance no es el mundo de la ciudad, ni el modelo de vida occidental. Liber es un americano nato en su forma de pensar, en sus gustos, en su forma de vida. Será capaz de hacer una descripción fresca y directa sobre la Europa que conoció en el año 1954, y a la cual retornaría en 1987, como sí hubiera sucedido ayer. Con gran agudeza y poder de observación. Mencionará, entusiasmado -con ese entusiasmo propio de su carácter, arrebatado- del avance de los Estados Unidos, de la fe en el progreso de su gente, etc. Pero, lo que finalmente queda, lo que se decanta de esa experiencia de vida, no es ni lo urbano ni lo occidental europeo-norteamericano; sino la naturaleza y la naturaleza americana. El verde -ese verde que campea en la mayoría de sus telas- y lo americano del Sur: lo brasileño y, por encima de todo -como luego veremos- lo peruano-precolombino. Ese fue el mundo que realmente lo conquistó y hace gala de su elección sin ningún tipo de falsedad ni subterfugio. No es un americanista de nombre sino de corazón, de hechos. No es un americanista de aquellos que vive mirando a Europa o a los Estados Unidos. Su espíritu pertenece al continente verde y terracota. Brasil, como decíamos al principio, es el país que mejor ejemplifica aquel consejo de vida que un día ya lejano en Luján recibiera de su amigo Furt. En Brasil, realmente, armó y desarmó su orden de vida como en ningún otro lugar. Fue un país donde vivió con gran libertad de movimientos, experimentando todo tipo de contrastes. Estuvo en las frías ciudades de Río y especialmente, en años muy posteriores a este viaje, en San Pablo. En ciudades de larga tradición histórica, Bahía, Belem, Recife, donde fue testigo de la riquísima cultura colonial, portuguesa y holandesa, fundamentalmente. Y en ciudades ubicadas en pleno corazón de la selva amazónica como Manaos y aquel poblado, Manicoré, en el centro de la tierra. Inevitablemente, ante semejante diversidad de situaciones, Liber tenía que armar y desarmar de modo constante su propio orden de vida. Por último y para cerrar este bloque a modo de introducción no quería dejar de mencionar que el núcleo legendario de las andanzas de Liber -el segundo capítulo de nuestra síntesis- está constituido por las experiencias: paraguaya y la brasileña. El término "andanzas" que da nombre a la segunda parte del libro tiene parentesco con el de "La Andariega" de los titiriteros. Se trata, en realidad, de un término grato a Liber, que de ese modo suele denominar su periplo por tierras americanas. La palabra parece arrastrar el polvo de los caminos y posee algo de quijotesco pues como "caballero andante" se veía el personaje cervantino. En última instancia, se ajusta al carácter romántico de los viajes de nuestro pintor, y de ahí su uso. En el intento de recuperar la visión del mundo de Liber Fridman, por otra parte, creo importante mantener cierto punto de fidelidad a su mundo expresivo, a su lenguaje y sus ideas. Paraguay y Brasil, decíamos, constituyen los dos puntales de las andanzas de Liber. Luego vendrán Europa y Venezuela, pero ambas experiencias carecerán del carácter romántico de las anteriores. Vayamos ahora, sin más dilaciones, al Brasil de la segunda mitad de la década de los cuarenta, cuando Liber pisa por primera vez la ciudad de Río de Janeiro.
Presentación
de la muestra de Fridman en la Casa Argentina de Asunción, 1946.
Río de Janeiro (1945)
Río fue el más temprano contacto que tuvo Liber con tierra brasileña; el más temprano y el más fugitivo pues, debido a circunstancias varias, entre ellas la falta de pecunio, hubo de retornar a Buenos Aires y luego a Asunción. Fue en dicha ciudad donde por primera vez expuso sus telas con temas cariocas. Una vez más la alegría de pisar una tierra nueva, con paisajes inéditos, era la que fundamentaba la producción artística. Lo que más curiosidad produjo en el primer momento al pintor fue la libertad de costumbres y falta de prejuicios de la gente de Río. Como, si en cierta forma, el caracter de la naturaleza que obligaba al replegamiento en Paraguay; liberaba los sentidos en Brasil. Una naturaleza pródiga que parecería inspirar un modelo de vida basado en el Carnaval. "Esta ciudad es de locura...El mar dista de mi cuarto bohemio dos cuadras: de un verde esmeralda puro. Se asoma hasta la playa de Copacabana. La Avenida Atlántica es una rua de 6 km. con edificios cada uno más lindo que el otro. "El contraste de la ciudad con los cerros y la finísima nota del mar tiene para mí otra comparación y la da la mujer morena -la pretinha- con la distinguida niña que viste en Buenos Aires o París y también el hombre, que anda en short al mediodía con la misma naturalidad que un tipo elegante". Una nota característica de la estancia en Río y en general en Brasil es el contacto que, con altibajos, mantiene con la colectividad judía. Desde la época del hogar familiar que esto no sucedía. Liber no se caracterizará, como tampoco la familia, por un judaísmo practicante; su vínculo viene del lado de la pertenencia a una tradición. En algunas ocasiones la tradición, pero también la necesidad de hacer relaciones sociales, lo llevó a frecuentar dicho circulo y sus templos. Brasil, país cosmopolita, tenía como uno de sus rasgos característicos la existencia de sinagogas cuya antigüedad arrancaba de la época colonial: de cuando la expulsión hispana de los judíos. "No dejo de ser idish a pesar de que el tiempo pasa y mis vinculaciones no pertenecen a la colectividad" "El domingo fui a la inauguración de un club azul y blanco de la colectividad israelita. Curioso era ver en esos suntuosos salones de un viejo palacio los rostros de la España de la Inquisición, de polacos, de marroquíes. 300 años de generaciones en Belem. Un señor historió, desde los tiempos de 1600, que habían sinagogas en Belem..." "Yo estuve extrañado de ver esos rostros tan morenos como la gente que es nativa de América. El judío es un bicho tan milenario como la tierra y nunca se lo exterminará" "Yo no tenía a quien dar a Aguit Yontef, así que se lo daré a Ustedes. A tío Moise, a tío Jain Belvel y a nuestros queridos primos. Yo recé un codech por mamá y tía Leique. Y que se cumplan nuestras promesas y para que la humanidad no luche más. ¡Hay tanta tierra para cultivar!" Finalmente no quería acabar el tema sin insistir en la idea de que el Liber de ese entonces es un hombre que mucho más allá de sus vinculaciones externas con lo judío, piensa como tal: "Y si el diablo mete la pata haré como Job: tener paciencia y esperar algo mejor" "De esta muestra artística tengo tantos planes que sí me fracasara pensaré como Job. Me resignaré de viajar, de hacer un hogar y lucharé duramente otro año más. ¿Será que así lo exige el destino?" Sucede que en esta ocasión algo ha cambiado en la vida de Liber. Si en el Paraguay misionero el modelo, el ejemplo de vida estaba representado por los exploradores del siglo pasado, en el presente caso es el Job bíblico. Y mientras el primero modelo era ejemplo de perseverancia en el movimiento; el segundo lo es en la paciencia, en cierta forma de inmovilidad. La figura de Job es invocada en la lucha de Liber por hacerse un lugar en el mundo de la pintura. Y aquí viene el cambio cualitativo, pues sí antes el acento estaba puesto en la andanza, en este momento lo está en la pintura de un modo más exclusivo. Esto no quita que Liber ansíe viajar y que viaje finalmente, pero ahora está diciendo "me resignaré de viajar". "Y si permanezco en esta ciudad mi próxima obra irá en franco progreso" Otra lectura es que si no logra vender no va a poder viajar, pero el comentario -a la luz de otros tantos- va un poco más lejos. Es necesario ya, a esta altura de su vida, con 35 años, centrarse de un modo más exclusivo en la pintura. La preocupación por dicho tema aparece reflejada en su correspondencia. La impaciencia viene esencialmente de un lado: Liber no se halla satisfecho con su producción artística. Su pintura no lo representa del modo hondo al que aspira. "Mi obra será difícil lograrla pero al final se cumplirá el mensaje que está muy dentro de mí" Sí, hace avances, técnicamente ha superado algunos problemas. Su pintura ha ganado en colorido, incorporado nuevos temas, pero no está satisfecho. Por eso habrá que seguir buscando, hacer el camino y sólo detenerse para emprender un viaje esta vez hacia dentro, cuando halla encontrado "El Dorado" de sus sueños.
Liber en 1947 en su hamaca a bordo del Cameta
Bahía (1947-49) "Y cambié otra vez el itinerario de Río por otro más lejano: el de Bahía"
El atelier El tiempo en la ciudad, en ciudades como Bahía, es un tiempo de limitada andanza y la andanza principal se desenvuelve en el "atelier" del pintor: "Encontré una casita... La baranda mira al mar que cae a pique en una cuesta 85 mts. abajo. Hay una iglesia y casas del siglo XVII. Es un romántico y apartado lugar céntrico". Y más en el caso de Bahía (en realidad del Brasil), en que el tiempo lluvioso arrasa con cualquier proyecto de pintar al aire libre. Liber toma sus apuntes del exterior: a veces al aire libre, cuando el tiempo lo acompaña, otras bajo el alero de alguna casa. Luego los completa en el taller en el cual se dedica mayoritariamente a hacer retratos para vivir. Liber se mantiene en esa época con la venta de cuadros y alterna también con la restauración. "Durante la mañana hago paisajes con figuras trabajando; de tarde hago retratos por encargue. Esto me salva los gastos que a diario hay que afrontar" "El otro día me trajeron para posar aquí, en mi atelier, a tres pisos de escalera, a una vieja preta de 130 años. Cuando ella subió me pidió un poco de agua. Luego habló todo el tiempo hasta que la condujeron hasta la puerta. Ella se llama vovó Melania y es muy popular. Anda sola por las calles y camina derecha". La producción plástica de esta época le resulta a Liber altamente satisfactoria. Los temas nuevos que le proporciona la ciudad lo tienen enamorado. Por otro lado, recibe criticas elogiosas. Esto no obsta que el pintor, como si observara a través de una lupa, mida escrupulosamente sus progresos en pintura. Los retratos de hombres, mujeres y niños, se caracterizan por la fidelidad al modelo natural, un dibujo fino y sensible, ya visto en la época paraguaya, y un colorido intenso. Son obras que, de algun modo, hacen pensar en las de Gauguin. Actualmente el pintor posee un escasísimo número (en menor cantidad incluso que los de etapas anteriores) de aquellos cuadros llenos de vitalidad, color y exotismo: prueba evidente de que funcionaron como valores para la diaria supervivencia; así como que obtuvieron el beneplácito del público, independientemente del hecho de que fueran encargos particulares. Su escaso número en la actualidad les confiere un valor no sólo sentimental. De hecho una parte del público que conoce la obra íntegra de Liber Fridman tiene preferencia de gusto por esta y no por la peruana que es mucho más personal.
En su atelier de Bahía, 1948
El atelier de Bahía no fue estable pues el pintor se mudó un par de ocasiones por lo menos; pero, eso sí, posee esos elementos que lo hacen suyo: los objetos amados y familiares que siempre acompañaran al artista en todos sus viajes, no importa lo lejos que se fuera. Alfombras, baúles con trabajo de repujado, cama con dosel; creándose un entorno sumamente estético, grato a la vista. Y sí a ello se le suma, lo más importante, la pintura de pretinhos y bahianas, el conjunto está completo. El atelier es un lugar sumamente atractivo y alegre, pero no siempre es escenario de trabajo, de fervorosa entrega al trabajo, ni de alegría precisamente. A veces esos grandes espacios que constituirán todas sus viviendas de soltero ponen en evidencia su soledad. "La prueba de mi soledad la repito a diario y soy muy fuerte. Con decirles que aquí en este caserón de tres pisos yo vivo encima y más de 20 cuartos están vacíos y no hay luz eléctrica. Es una construcción del siglo XVIII..." El sentimiento es sin embargo contradictorio pues, si por un lado, la soledad le pesa y dicha situación lo lleva a pensar en el pasado, en los seres queridos dejados atrás; por otro lado estima como positivo el silencio y el aislamiento que ha elegido como requisitos necesarios a toda creación artística. En la sucesión de citas que vienen a continuación dicho estado es sentido de modo diverso. Primero hay un modo retórico, no obstante poético, de designarlo mediante el circunloquio: "en este", "aquí", "en este". En cuanto al sentido, el pintor se encuentra en paz con dicho silencio. "En este mediodía de silencio, aquí, en este mi mundo a solas, les contesto la carta..." La cita siguiente corrobora la anterior y aún añade "como en Villa Rafo": con las mismas características que cuando vivía en el hogar familiar. Alude especialmente al detalle "del alumbrado a querosén" más que al silencio, pero dicho recuerdo sirve para que él se sienta en cierta forma como en casa: un poco más acompañado por tanto. "En este mi mundo a solas": en este mundo mío que yo descubro en la soledad. Lejos del mundanal ruido. "Prefiero este silencio, alumbrado a querosén, como en Villa Rafo..." Dicho sentimiento de soledad que recorrerá como una espina toda su andadura está relacionado como decíamos con la exigencia que toda obra creadora tiene, pero no sólo en su faceta creativa, propiamente dicha, sino también con la faz social de la misma. Liber no es un pintor reconocido en aquel entonces, es un pintor que está haciendo lentamente su camino. Ni siquiera es un pintor que haya dado con la clave (y esto realmente es punto cardinal) de su propio mundo interno. Para ello todavía falta dar unos cuantos pasos. Pero, y además, no es un pintor vocinglero. Es un hombre que aunque le ha sido concedido el don de la conversación, de una charla fluida, y con capacidad para entablar relaciones sociales ,que en algunos casos le proporcionan entrada a determinados ambientes, no se presta en absoluto al juego social, frívolo, de las muestras. "Aunque no hago las cosas con el estruendo de los otros colegas, mi día llegará también. Soy persistente de veras... Y ahora invertiré mis horas para adelantar sin esa cochina propaganda de la que otros se rodean"
La ciudad, Bahía Liber no anduvo tantos kilómetros en el Brasil, eligiendo en primera instancia la lejana ciudad de Bahía como lugar de residencia, para "mantenerse encerrado en un atelier". Y aunque la pertinaz lluviosidad de la ciudad no era buen aliado para el pintor al aire libre, tampoco fue óbice para que permaneciera quieto. Se pintaba como se podía: con lluvia o sin ella. La actividad por otro lado del artista se desarrollaba dentro y fuera del atelier. El dentro era para la maduración de los motivos elegidos, la creación de un estilo en un ámbito adecuado. El afuera era el motivo de inspiración. No olvidemos, además, que nuestro pintor es andariego por naturaleza. Así es que sí elegía un punto tan distante en el mapa como la cuidad de Bahía (en relación a su ciudad natal por ejemplo) no era para permanecer a espaldas de lo nuevo que aquélla le ofrecía. De hecho, la necesidad inmediata una vez encontrado un techo que "cobijara los huesos", era la natural de ir a caminar, pasear, entrar en confianza con las nuevas calles. Dejar que un colorido nuevo, nuevos rostros, otros gestos, penetrasen en la retina, en el corazón y en la mente. Sí a esto se añade el hecho de que el pintor debía construir de cero su orden de vida cada vez que pisaba una nueva ciudad, y por tanto tocar puertas para conseguir retratos por encargo y/o restauraciones, el esquema se arma por completo. Liber, obligatoriamente, pero, además por carácter, era un hombre social: hábil para crear un entramado de relaciones tal que su estancia en todas las ciudades que visitó fue altamente positiva en todos los sentidos. Nunca experimentó la miseria. Siempre supo atraer el trabajo, cumplir seriamente sus tareas. Su modo de ser austero, ahorrativo, le permitió no sólo viajar sino realizar también esporádicas ayudas a su familia. En definitiva cada viaje a un nuevo país, a una nueva ciudad, era de apertura al mundo y sus diferencias. No de otro modo se explican sus continuas mudanzas. Y es que Liber necesita volar: su camino en el arte además lo ha planteado como un viaje hacia afuera y hasta que no llegué la etapa del Perú dicho criterio no cambiara. El viaje de Liber es, en definitiva, de acopio de impresiones nuevas y hasta que no se decante en una síntesis personal seguirá siendo hacia fuera. No obstante, hay que matizar pues, al aproximarse al fin de su permanencia en el Brasil, Liber ha ido experimentando un cambio interno. "Lo que vale, hermanitas, es la fe, de allí, el camino a seguir es uno solo, aunque viva en la Conchinchina o en Recife" Aparece por tanto la idea de que el camino artístico no depende tanto del lugar donde uno viva, de lo que se observe afuera, como sí de un propósito interno. Va a llegar un momento en que se produzca en Liber una maduración tal que entregué su vida al trabajo creativo en el atelier. De momento la etapa brasileña sigue siendo de transición, con idas y venidas. El elemento costumbrista sigue siendo muy fuerte y el pintor que vive en Bahía se ha consustanciado tanto con el medio que se lo considera pintor bahiano. "Decían que yo era la primera persona que supo pintar Bahía, el problema social, con un gran censo de poesía en cada tema" Bahía le suministrará nuevos temas: los pretinhos y bahianas del carnaval, los templos coloniales, el mundo de redes y canoas de los pescadores que sus ojos contemplan cada día desde el atelier. Cuando dichos motivos se agoten, cuando Liber haya exprimido los tipos y paisajes bahianos, es cuando sentirá necesidad de viajar, de salir a la búsqueda de nuevos temas para su pintura. La soledad, dijimos, fue una constante del tiempo en Bahía, pero esta visión pecaría de parcial si no mencionamos el hecho real de que Bahía fue también un tiempo de nuevas relaciones para Liber, de conocer gente con una idiosincrasia totalmente diferente a la de sus referentes porteño y paraguayo. Su peculiar y romántico oficio de pintor retratista y/o restaurador fue una llave que le sirvió de acceso al ambiente de la burguesía pudiente pero más especialmente al de la aristocracia bahiana de rancio abolengo. El atractivo porte de Liber unido como ya dijimos a su especial don para la charla, su interés nato por los temas de la cultura, convirtiéndolo por lo tanto en un tipo doblemente atractivo, así como su arrojo para hablar en un idioma distinto al suyo, fueron elementos que hicieron posible la conquista de este medio. Y eran generalmente las mujeres, las damas de la aristocracia, las que demandaban los oficios del pintor. El pintor de la época brasileña fue un hombre sumamemente solicitado por el sexo femenino y vio premiado su atractivo con generoso trato y sendos encargos de retratos. Así, pues, la estadía en Bahía osciló entre la soledad pero también la relación social. Como toda vida. Día llegó en que el pintor no pudo con su genio e hizo el equipaje: la ciudad ya no le ofrecía más atractivos y además llovía demasiado. "Siento necesidad de salir de esta ciudad. Ya he deambulado casi por demás por estas ruas coloniales. Mis últimos motivos los he pintado desde una casa o bajo techo porque era tiempo de diluvio por semanas enteras"
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