LIBER FRIDMAN ...por los caminos de américa

biografía

 

"Haz que cada día de vida sea de vida"

"Siempre levantar anclas"

"Quien sigue a otro va detrás"

 

(máximas que el artista oyera a Jorge Furt en los años '30 e hiciera suyas, inspiración permanente de su conducta)

 

Nacido en Buenos Aires en 1910, el artista plástico Liber Fridman, es un personaje singular y misterioso para una buena parte del público argentino. Un día hace el equipaje y toma el camino: Paraguay, Brasil, Venezuela, luego Perú. Cuando alguno de los amigos o de los colegas pregunta por Fridman, nadie sabe bien dónde está. Al principio fue Luján, la estancia de “Los Talas”: Jorge Furt lo estimuló en el estudio de lo antiguo, lo puso en camino. Liber ya pintaba; venía de trabajar en el Rosedal de Palermo. Hacía paisajes, retratos y escenas históricas. Todavía había tiempo para la pintura al aire libre de los impresionistas. Pintar y restaurar: en Luján aprende el oficio de un restaurador italiano, el maestro Zuliani. Santa Fe, la documentación de su arquitectura colonial, fue el primer escalón en su búsqueda personal. Lo americano, el testimonio de antiguos oficios de tallistas y constructores, unido a su vocación plástica, se daban cita en su entusiasta labor. Paraguay, el siguiente escalón, fue más amplio y más completo. En esta ocasión no partió solo. Con su amigo el titiritero y poeta Javier Villafañe salieron juntos en “La Andariega”… “Arregla santos” (así decía el cartel de la puerta de su casa) y pinta, pero más que nada viaja, camina, curiosea, estudia, fotografía, recopila antiguas tradiciones orales. Las Misiones jesuíticas y franciscanas lo llaman. Funda en Asunción un Museo de Arte Religioso. Brasil le fascina con su misterio, la naturaleza exuberante, el verde saturado. El deseo de viajar es punzante, pero también el de pintar. Liber vive y pinta en una canoa, en lo profundo de la selva amazónica. En Salvador de Bahía asiste a los candomblés. Desfilan con color y variedad los tipos populares del poético Brasil de esos tiempos. Nadie sabe donde está Liber… desde hace mucho, el pintor viajero. Perú es una bisagra: ahí se va a quedar. Lo precolombino lo atrapa. Liber es el pintor de la América remota. Todo va a ser poco para llenar esta pasión que se desata en su espíritu. A partir de entonces se rodea de objetos que tienen que ver con ese mundo. Huacos, textiles, metales… Se convierte en coleccionista de este arte. La culminación de este proceso, sin embargo, ocurre cuando fragmentos de dichos objetos ingresan en sus obras para enaltecerse, transformándose nuevamente en arte. Muchos años después vuelve a Buenos Aires… Casado con Mirna Meluso, argentina, juntos van de la mano por estos caminos del arte. Instalado dentro de un estilo auténticamente propio y americano, Liber se mantiene fiel al mandato que sintió en Perú. Su obra atrajo a los públicos de América, Europa, Estados Unidos e Israel, hallándose representado en algunos de sus principales museos, además de haber quedado sembrada por los caminos que recorrió… Toda esta vida, una aventura en el mundo físico y en el espiritual, hizo de Liber un testigo de su tiempo, un investigador no académico, si bien intuitivo y apasionado, y un creador muy particular. Y supuso el acopio de un importante cúmulo de documentación, objetos y sus propias pinturas. En el caso del arte jesuítico y franciscano, el material acopiado es clave, tanto por su valor documental en sí, como por el hecho que, por medio de pinturas y dibujos, fotos y notas, se da testimonio de objetos y monumentos de este período, algunos de los cuales ya no existen porque se los tragó la naturaleza o fueron saqueados (este material aún permanece inédito, luego de seis décadas de espera).

 

 

 

 

 

 

 

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